Roman, Times, serif»>Editorial
Por la justicia vale la pena luchar
La Juez de Distrito de Juigalpa, Rosa Inés Osorio, no defraudó la esperanza de todas las personas, instituciones y sectores que demandamos justicia en el caso del asesinato de la joven periodista María José Bravo, corresponsal de LA PRENSA y el Diario Hoy en Chontales; crimen horrendo que fue ejecutado por el activista del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) en el municipio chontaleño de El Ayote, Eugenio Hernández González.
En efecto, el miércoles de esta semana la juez Osorio dictó el veredicto de que Hernández González es culpable de asesinato en la persona de María José Bravo; y ahora sólo falta que la misma juez Osorio dicte, hoy, contra el asesino, la condena específica de prisión que de acuerdo con el Código Penal debe oscilar entre un mínimo de 15 años y el máximo de 30 años de presidio.
Eso, aparte de la apelación a que tiene derecho el asesino, cuya defensa insiste en el alegato de que la periodista murió por casualidad, de que el revólver se disparó “accidentalmente” y que la bala resultó ser una caprichosa saltarina que rebotó por distintos lugares hasta dar con el corazón de María José. Pero en materia de desfachatez está llena la historia judicial, en Nicaragua y el mundo.
Algunas personas consideran que la condena por asesinato al verdugo de María José Bravo se logró sólo por la presión de la opinión pública en demanda de justicia. Es posible que así haya sido. No cabe duda que la movilización en demanda de justicia para María José ha sido un factor muy importante en el juicio. Pero también los partidarios del asesino de María José se han movilizado activamente. El día del juicio su presencia frente al juzgado presionando a la juez para que absolviera al asesino fue mayor que la de quienes demandaban justicia para María José. Inclusive, ahora están amenazando a la juez Osorio porque ha cumplido con su deber de hacer justicia.
Naturalmente, cabe preguntarse cuál hubiese sido el veredicto en este caso si el juez que juzgó al asesino de María José hubiera sido un liberal colocado en la administración de justicia por recomendación del PLC. ¿Lo hubiera condenado, siendo que el asesino es un destacado cuadro intermedio de dicho partido y teniendo el asesinato obvias motivaciones políticas, aunque la víctima fuera absolutamente ajena a la degradada actividad partidista de Nicaragua? Seguro que en ese caso el veredicto hubiera sido totalmente distinto y la presión en demanda de justicia no hubiera tenido ningún efecto positivo en el juicio.
Ciertamente, si la acusación de Zoilamérica Narváez contra su padrastro, Daniel Ortega Saavedra, no hubiese sido tramitada por una juez sandinista confesa, sino por un juez del partido liberal, seguramente que el líder del FSLN hubiera resultado condenado. Y lo mismo puede decirse de Arnoldo Alemán: si en vez de una juez sandinista su caso lo hubiera visto y resuelto un funcionario judicial liberal, con toda seguridad que lo hubiera absuelto de las acusaciones por corrupción y lavado de dinero, no obstante la montaña de pruebas que fueron aportadas y la gran indignación social que había y hay contra el ex Presidente corrupto.
Sin embargo, independientemente de que el Poder Judicial está repartido entre los partidos que en términos generales han pervertido la administración de justicia, al partidarizarla y parcializarla, también hay jueces que tienen su conciencia limpia, profesionales que lograron llegar al cargo judicial por sus méritos personales y no como un favor de ningún gamonal de partido. Y por lo tanto, en la medida en que el sistema se los permite ellos procuran impartir justicia de manera ecuánime e independiente. Si hubo jueces de esa buena índole en los regímenes represivos y corruptos del somocismo y el sandinismo, ¿por qué no los va a haber también ahora?
Como sea, el asunto es que por su veredicto del miércoles pasado la juez Rosa Inés Osorio, de Juigalpa, merece nuestro reconocimiento y la admiración de la sociedad. Y el abogado acusador y todos los que de una u otra forma han apoyado la demanda de justicia para María José Bravo, son acreedores de nuestro profundo agradecimiento.
Por la justicia, como por la libertad, vale la pena seguir luchando.