Justo Pastor Ramos
El mundo cristiano y particularmente Nicaragua, nuestra tierra de lagos y volcanes, y de paisajes preciosos, adentrándose en la carrera del tiempo, celebró con esperanza el advenimiento del año nuevo 2005, anhelando un nuevo rumbo ante un universo de crecientes expectativas políticas en las cuales bien vale la pena meditar, desde el punto de vista que armonice con la realidad y con la ley cristiana como elemento necesario para alcanzar la felicidad que en estos días hemos manifestado tan frecuentemente. Fray Francisco de Exímenes ha dicho que la ley cristiana es la que enseña al hombre la verdadera libertad.
El primer registro histórico de “años” lo encontramos en el tiempo de Noé, luego en Egipto y Babilonia y más tarde como ciclo metódico, llamado así en honor a Metón, un matemático griego del siglo V a.C., hasta acercarnos al éxodo del pueblo de Israel, cuando según el historiador judío Josefo se instituyó el Año Sagrado o Año Sabático que se iniciaba con la primavera y que, de acuerdo a la Ley de Moisés, fue consagrado como el “Año de la Festividad” o el “Año de la Liberación”.
El término año proviene de una raíz griega y significa “repetir, hacer de nuevo”, según los eruditos en la materia. Luego las Sagradas Escrituras nos dan a entender que el Supremo Hacedor creó en el tiempo los años tanto como los umbrales del cielo para que nos sirvieran de señales desde nuestro nacimiento, formando a través de su curso la personalidad que sustenta en los valores éticos y naturales como de las actitudes y aptitudes mediante las cuales pudiésemos hoy, por ejemplo, hacer frente a las exigencias del mundo moderno que se abre a nuestro paso.
Coherentemente con lo anterior la cronología nos determina que nosotros nos movemos en sus corrientes sin entender a veces lo que realmente sucede dentro de ellos, pues nuestros pensamientos sumergidos muchas veces en el laberinto de nuestro propio yo, no nos han permitido conocer el tiempo señalado para nosotros en el horario de Dios, tiempo en el que frente a las experiencias del pasado, los problemas del presente y los posibles acontecimientos del futuro, estamos llamados a repetir nuestra confianza en Dios y a renovar positivamente nuestro corazón.
Bajo estos conceptos históricos sería conveniente restaurar el pensamiento valorando nuestra relación con el porvenir para que el 2005 sea el tiempo providencialmente señalado en el horario divino que nos lleve a encontrar la cordura como el vínculo para alcanzar la paz y por ende la reconciliación nacional; que sea el tiempo para que nuestros dirigentes políticos y el Gobierno del Estado obtengan la sabiduría y el entendimiento para que actuando con seriedad y responsabilidad ciudadana puedan encontrar puntos de coincidencia o más bien el punto de equilibrio que ponga fin a la incertidumbre política y económica, social y cultural existente en el país. Sócrates decía: “La seriedad es parte de la verdad y la justicia”.
Finalmente para alcanzar este precioso objetivo debemos tener presente que es totalmente ineludible, en este caso, practicar la sinergia con conciencia de Patria demostrando pertinentemente una intencionalidad política con un contenido real de justicia social. En Grecia al pie del monte Parnaso están las aguas de la fuente Castalia consagrada a las musas y al dios solar Febo-Apolo. Cuando se escriben o escuchan estas palabras se abarcan dos dimensiones, de la experiencia y de la mente. La Grecia real, con sus accidentes geográficos y la Grecia de los mitos milenarios. Grecia, Castalia, Parnaso nombres de presencia real y tangible por una parte, nombres de la imaginación mitológica y legendaria por otra, nos llevan a meditar en un andamiaje social e histórico de utilidad y provecho para el pensamiento político y cultural de los nicaragüenses.
Meditando en este pasaje de la expresión poética trasladémonos a la luz de los tiempos reflexionando sobre la felicidad, paz y prosperidad expresado pues cuando este sentimiento cae en el alma y se anida en el corazón se puede pensar entonces en que la paz y el amor han nacido entre nosotros.
El autor es historiador.