- Los secretos que ha guardado por más de 1,350 años la pirámide de la Luna en la zona arqueológica de Teotihuacán empiezan a ser desvelados por arqueólogos de México y Japón
Rocío RamírezEFE Reportajes
Para descubrir quiénes fueron los habitantes de la Ciudad de los Dioses, los arqueólogos mexicano Rubén Cabrera y el japonés Saburo Sugiyama encabezaron una investigación que ha penetrado en las entrañas de la pirámide construida entre el año 100 y el 400 después de Cristo, en el extremo norte de la Calzada de los Muertos de la misteriosa ciudad.
En sus intervenciones, que comenzaron en 1998 y que en días recientes llegaron a su fin, descubrieron seis ofrendas mortuorias que desvelan algunos misterios de la que fue una de las mayores civilizaciones mesoamericanas que floreció entre el año 100 y el 650 d. C.
Tras su extraordinario esplendor que la convirtieron en el mayor emporio mesoamericano hasta el año 750 d. C., Teotihuacán se extinguió como lo hicieron otras megalópolis.
La civilización teotihuacana compartió su visión del cosmos con los mayas, los zapotecos y otros muchos pueblos contemporáneos suyos.
Los restos de la ciudad fueron descubiertos a mediados del siglo XIX, sin que se sepa la fecha precisa. Sin embargo ello no ha impedido que este año los especialistas celebren el primer centenario de las investigaciones sistemática en la zona arqueológica, ya que fue en 1905 cuando el entonces presidente de México, Porfirio Díaz, pidió que se iniciaran las excavaciones en la zona.
INVESTIGACIONES MODERNAS
El antropólogo Cabrera dijo a EFE-Reportajes en un recorrido por la zona arqueológica, ubicada a 50 kilómetros al norte de la Ciudad de México, que en 1998 se inició el proyecto para resolver varias incógnitas relacionadas con la cultura teotihuacana.
Cabrera explicó que una de ellas era conocer el significado de la Pirámide de la Luna, su historia, su época de construcción y sus características.
El edificio de 18,000 metros cuadrados y 42 metros de altura, es junto con la pirámide del Sol y el Templo de Quetzalcoatl, uno de los tres más importantes de la zona y hace referencia al cosmos.
Cabrera destacó que a medida que fueron avanzando hacia el interior de la pirámide lograron descubrir sus siete épocas constructivas.
“Esto nos habla de su desarrollo desde el primer momento de su construcción en el año 100 de nuestra era y la última por el año 400”, explicó.
Agregó que otra incógnita era conocer el carácter que tuvieron los gobernantes teotihuacanos ya que a pesar de los muchos años de investigaciones en el lugar “hay muchas cosas por resolver, entre las que destacan el conocer cómo era la estructura de gobierno”.
Algunos consideraban que Teotihuacán, además de ser eminentemente teocrático, estaba gobernado por un grupo de sacerdotes, “una especie de consejo de ancianos y otra tesis maneja que como en todas las culturas mesoamericanas debió existir un solo gobernante”.
DENTRO DE LA PIRÁMIDE SE DERRUMBÓ UNA TESIS
El arqueólogo Cabrera mencionó que, con esas tesis como base, su equipo se adentró en la pirámide para buscar respuestas. En sus intervenciones encontraron varias ofrendas mortuorias que dan elementos para conocer algunos detalles de la civilización como el hecho de que acostumbraban hacer sacrificios humanos, contrariamente a lo que se creía que los teotihuacanos no tenían ese tipo de prácticas.
“Se encontraron seis ofrendas muy ricas, muy significativas. La última, que fue localizada en 2003 y que se exploró en la reciente temporada, consta de doce esqueletos, dos de ellos con una distinción particular, estaban ricamente amortajados mientras que los diez restantes no estaba adornados y tenían los pies y manos atados”, comentó el investigador.
El arqueólogo Rubén Cabrera, quien ahora se dedicará a un proceso de análisis y clasificación de los materiales extraídos de la pirámide, señaló que uno de los principales hallazgos del proyecto fue el localizado en la temporada anterior, en 2003.
“Se encontró la ofrenda cinco, —la de 2004 es la seis—, contenía tres esqueletos humanos en posición sedente como los mayas, por eso se dice que había una estrecha relación con los mayas a nivel del Estado”, dijo el antropólogo mexicano.
Añadió que la posición de encontrarse sentados con los pies cruzados, como en flor de loto, es característico en los personajes mayas, no tanto en sus enterramientos, sino en la iconografía, y recordó que sólo hay dos casos en la zona maya, en Guatemala, donde se encontraron esqueletos en posición similar.
Al referirse al entierro número dos, dijo que encontraron a un hombre de 45 años sentado pero con las manos atadas por atrás.
“El entierro tres consta de cuatro esqueletos en posición extendida, pero con marcas de estar atados de pies y manos, mientras que en el cuatro se encontraron 17 cabezas que fueron decapitadas”, dijo el experto.
El arqueólogo dijo que “todos estos entierros son evidencia del sacrificio humano a gran escala en Teotihuacán”. En los años 1950 y 1960 se decía que en esa zona no existieron los sacrificios humanos pero en el año 1988 se halló una evidencia clara en el Templo de Quetzalcoatl, y a partir del 1998 en la Pirámide de la Luna se hallaron todos estos entierros.
El especialista dijo que durante las siete temporadas en que trabajaron encontraron una gran cantidad de información y materiales extraordinarios que tendrá que analizar un equipo multidisciplinario para afinar algunos detalles de cómo vivía la misteriosa civilización teotihuacana.
FALTA ARMAR EL ROMPECABEZAS
“La investigación se terminará en unos diez años, pero daremos avances de acuerdo a como vayamos obteniendo información”, indicó.
Pese a los avances, Rubén Cabrera comentó que aún quedan cuestiones sin resolver como las que afectan al lenguaje. “Eso no se podría encontrar en las excavaciones. Es un problema que deben resolver los lingüistas ya que, aunque estuvieran decorados los edificios, no darían claves de cuál era el lenguaje de los antiguos teotihuacanos”.
Junto con la Pirámide de la Luna, se localiza la del Sol, situada sobre cinco niveles superpuestos en los que se han detectado algunos túneles y corredores, así como un pozo de unos siete metros de profundidad al pie de la escalera principal y que termina bajo la pirámide en una gruta con forma de cuatro pétalos.
Este año un grupo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) se internará en la entrañas de ese recinto para seguir armando el intrincado rompecabezas de la cultura teotihuacana.
