Fotos y Texto: Pol Cucala
En el frío amanecer de Jinotega despiertan los trabajadores del café. Atrás quedaron las tierras calientes de donde la mayoría proviene. Singulares pero necesarias combinaciones de ropa ligera forman su uniforme de trabajo: chalecos bajo camisas, suéteres sobre chaquetas o faldas con pantalones.
En los pies botas de hule, los que pueden, y los que no chinelas Rolter, las nacionales.
Sí, pies descalzos ante los apenas 13 grados de temperatura en los cerros de Jinotega.
Las casetas donde duermen carecen hasta de baños y los niños son los que más padecen los efectos de un frío que no parece nicaragüense.
—¿Cómo se aguanta el frío? —les pregunto.
—Se aguanta —me responden.
A medida que el día avanza la tierra se calienta y parece que las condiciones de trabajo se suavizan. Pero no es así: 15 córdobas al día (aproximadamente), 8 horas al día y 7 días a la semana durante tres meses.
A los adultos les acompañan a menudo sus hijos que supuestamente están “aprovechando” sus vacaciones para ayudar a sus familias.
Al finalizar la jornada llegan las mediciones del grano recogido. La actividad ha terminado y el cuerpo reposado se prepara para otra noche de frío.
