Jane Armitage
Las reformas económicas de la década de los años noventa se tradujeron en una gestión mejorada de las finanzas públicas, avances en procesos de desregulación, adopción de marcos institucionales orientados hacia el mercado, aumento en la cobertura de servicios sociales, tales como educación y salud, y sistemas democráticos consolidados tras años de conflicto civil. Pese a estos avances, los países centroamericanos —incluyendo Nicaragua— continúan pagando un peaje innecesario por barreras de retención que desalientan la inversión en la región, paralizan la creación de empleo y frenan la competitividad.
América Latina y otras regiones del mundo en desarrollo podrían trabajar en mejorar significativamente su clima de inversión. Evaluaciones recientes revelan que Nicaragua y sus vecinos centroamericanos están enfrentando esos desafíos, incluyendo la adopción de políticas que mejoren la gobernabilidad; aumentando la infraestructura económica y productiva; mejorando el acceso a los servicios financieros a menor costo; y promoviendo el acceso a nuevas tecnologías. Se trata de un esfuerzo serio por cultivar un clima favorable a la inversión, creación de empleo y reducción de la pobreza.
Algunos estudios indican que ciertos impedimentos burocráticos (“la burocracia”) son la causa por la cual cerca del 40 por ciento de los negocios centroamericanos no ingresan a la economía formal. Como resultado, estas empresas operan en la economía informal y Centro América se priva de rentas públicas equivalentes al seis por ciento del PIB de la región.
Los mismos estudios revelan que uno de los aspectos más dañinos para el clima de inversión en Centro América se refiere al costo y disponibilidad de los servicios financieros. Más del 42 por ciento de las firmas centroamericanas indicaron que la disponibilidad de los fondos externos, o dificultades asociadas con su acceso, tales como altos requisitos de garantía, constituyen un serio obstáculo a sus operaciones. En particular se desalienta a las pequeñas empresas a que se postulen a préstamos bancarios ya que muchas no pueden cumplir con los requisitos de garantía, los cuales promedian aproximadamente el 153 por ciento del valor del préstamo. En Asia meridional y Asia sudoriental esto equivale a menos del 70 por ciento.
Pérdidas monetarias debidas a cortes de electricidad consumen 2.6 por ciento de los ingresos por concepto de manufactura en América Central. Esto es menos que en Bangladesh (3 por ciento) pero más que en China (2 por ciento) o Brasil (1.5 por ciento). Adicionalmente, en Centro América toma un promedio de 70 días conseguir una conexión telefónica, mucho más que en China, Asia sudoriental o Sudamérica.
Pese a que los países centroamericanos han hecho progresos notables en cuanto a elevar el nivel educacional promedio de su fuerza laboral, se encuentran a la saga de otras regiones del mundo en términos de educación básica. A su vez, la escasez de trabajadores con educación secundaria crea obstáculos para la actualización tecnológica, la captación del comercio y la inversión extranjera directa con un alto contenido tecnológico.
Acelerar el crecimiento y reducir la pobreza requiere que los líderes en el gobierno, los partidos políticos, el sector privado y la sociedad civil trabajen juntos para reducir los riesgos que encierran las políticas, sus costos y las barreras a la competencia que enfrentan firmas empresariales de todo tipo y origen. Nicaragua y los demás países centroamericanos pueden hacer mucho para mejorar su clima de inversión, además pueden enriquecerse de la experiencia de otros países para avanzar en el tema de las reformas.
La autora es directora del Banco Mundial, para Centroamérica.