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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Los nuevos príncipes

Cristiana Chamorro [email protected]

El “momento” de un candidato político lo describe muy bien el libro el Nuevo Príncipe, de Dick Morris , autor célebre en los conocimientos del arte del poder contemporáneo, confidente y consejero de Jefes de Estado. Su libro es una versión moderna del clásico El Príncipe, de Maquiavelo.

Compara el “gran momento” del candidato con un juego de football, cuando la adrenalina de la fanaticada sube, el apoyo de ésta llega a su más alto nivel, la motivación está al máximo y los deseos de triunfo crecen, igual cuando se anotan un gran gol, o como cuando la defensa logra detener uno. Agrega que en política esto es cuando hay donantes dispuestos, votantes a la expectativa, amplia cobertura noticiosa y simpatías causadas por la publicidad de una victoria no esperada o de un resultado mayor que el anticipado.

Sin duda en la línea de Morris, los precandidatos Herty Lewites y Eduardo Montealegre se encuentran en su mejor momento político. Tienen cada uno detrás de ellos un buen grupo de seguidores, los medios de comunicación pendientes de sus movimientos, observadores diplomáticos y simpatizantes cercanos y distantes siguiendo todos sus detalles. Ambos, a nivel partidario y nacional, gozan los más altos grados de popularidad según todas las últimas encuestas.

Los dos se han postulado sin el respaldo de sus cúpulas partidarias, en abierta oposición a los caudillos que controlan sus partidos, el Frente Sandinista (FSLN) y el Partido Liberal Constitucionalista (PLC). Por tanto, se encuentran bajo igual amenaza de formal inhibición a sus proclamadas candidaturas presidenciales. En la calle son objeto de similares apuestas y especulación en cuanto a si van a llegar o no al final de esta primera carrera por ganar la nominación de los partidos mayoritarios: Herty Lewites, la del FSLN y Eduardo Montealegre, la del PLC.

Lo más novedoso de sus respectivos desafíos es que por rebelarse al pacto Alemán-Ortega y a la forma en que éstos han claudicado frente a mutuas necesidades impúdicas, Eduardo Montealegre de cuna liberal ha despertado simpatías en sectores del Frente Sandinista y viceversa, Herty Lewites, de origen sandinista, logra aceptación en filas liberales según los análisis de encuestas recientes. Evidentemente, coinciden en una primera promesa de campaña que responde al clamor popular: fin al caudillismo en sus partidos.

Para Dick Morris, una característica importante de El Nuevo Príncipe, sinónimo de político moderno con éxito : pragmático, limpio, positivo, orientado hacia los grandes temas, que trasciende la arquitectura partidaria que los encasilla, es el líder político que muestra capacidad de resolver problemas que pertenecen al otro partido y da señales de ser solución a vicios históricos asociados al sistema político tradicional. Por ejemplo, la clave de Bill Clinton en sus dos victorias, fue hacer caso omiso a la tradición de su partido, concluye Morris.

En una sociedad todavía polarizada entre sandinistas y antisandinistas, el que dos candidatos opuestos logren simpatías más allá de sus colores partidarios, resulta una ventaja competitiva grande frente a los otros precandidatos que también se han postulado. De entrada, la competencia Montealegre-Lewites asegura un bajón positivo en los niveles de polarización política en caso que éstos logren la candidatura de sus partidos en la campaña electoral del 2006.

Sin embargo, los límites de Lewites y Montealegre en el contexto político actual son del tamaño de sus ventajas. Ellos se mantendrán por encima de los demás sólo que apunten y logren terminar con la hegemonía caudillista de sus respectivos partidos. Este es el compromiso que han adquirido con los que se cruzan la línea partidaria por ellos, con el 77 por ciento de la población que según encuestas de M&R, rechazan el pacto de sus partidos y con un tradicional 40 por ciento de ciudadanos desencantados con liberales y sandinistas en búsqueda permanente de un Nuevo Príncipe.

Las grandes expectativas que Eduardo y Herty han sembrado, cada quien por su lado, no son para luego acomodarse a ser un activo partidario y, a la hora de la gran decisión: negociar, pactar o endosar su capital político a las cúpulas de sus partidos a cambio de intereses personales, o ceder a las presiones de la Embajada, el gran capital, la Iglesia y los que se consideran factores de poder.

Si retroceden en su propuesta de neutralizar a sus caudillos o son objeto de inhibiciones, fraude, expulsión o métodos como los que en otro tiempo utilizaron la OSN o la DGSE y doblan su rey ante sus verdugos para hacerle el juego a sus respectivos partidos, Nicaragua perderá sus esperanzas en dos políticos más y tanto Lewites como Montealegre perderán su “momento” para siempre en la política nicaragüense.

La autora es periodista.

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