Armando Lau Gutiérrez
El hombre es un ser pensante, creado por designio divino; formado de materia cósmica y energía espiritual, con la sagrada misión de perfeccionarse por esfuerzo propio, para tener la potestad de obrar por reflexión y elección. El hombre fue escogido por la Suprema Inteligencia, para establecerse en planetas y satélites siderales que estén aptos para la sobrevivencia humana: en orden, paz y felicidad. Con este objetivo se forman las organizaciones religiosas y científicas.
Según nuestra historia planetaria, las religiones que más adeptos tienen son: la cristiana, la budista y la musulmana, cuyos protagonistas fueron: Jesús de Nazareth, Siddhartha Gautama y Mahoma. Estos espiritualistas y sabios instructores de la humanidad legaron sus divinas enseñanzas a sus seguidores de confianza y allegados, para que éstos transmitieran dichas enseñanzas a sus semejantes y subsiguientemente de generación en generación. Pero al correr de los siglos, esa luz brillante de sabiduría en un principio se fue opacando por ignorancia y negligencia, hasta perder su verdadero brillo científico-espiritual. Tanto las leyes divinas como las leyes de la Naturaleza vienen de Dios. Por eso es que la religión y la ciencia deben caminar paralelamente. Algunas personas que se dicen ser religiosas, tanto han degenerado dichas enseñanzas que para satisfacer sus ambiciones personales engañan, adulan, estafan, roban, asesinan y crean terrorismo en nombre de Dios. Según el filósofo griego, Sócrates: “En el hombre no existe maldad, lo que existe es ignorancia”.
Por Gnosis se entiende una teoría de la creación que se encuentra en el esoterismo de todas las religiones, y por el cual el mundo material es una ilusión. El esoterismo es un movimiento no verbal que se tiene que explicar verbalmente; es un acto perceptivo interno en la verdad, en lo intemporal. Está en las capas más profundas de la conciencia, en donde mente y hecho se unen en uno solo, no afectándolo el tiempo cronológico, ni el tiempo psicológico. Las enseñanzas a través del esoterismo desarrollan en el hombre el poder y la capacidad de comprender cabalmente, con asidero propio, el proceso del pensamiento.
Es por eso que el hombre necesita comprensión y sabiduría para guiarse rectamente. El hombre corriente está ligado a los sentidos, a la mente sicológica, por eso es que concibe a Dios como un ser personal y al cosmos tal como sensorialmente lo percibe Albert Einstein: “El deseo de sentirse amados, guiados y apoyados, inclina a los hombres a formarse un concepto social o moral de Dios”. Un filósofo de los vedas: “Dios, lo eterno, lo inconmensurable, lo absoluto, no está dentro del tiempo, por lo tanto no se puede describir con palabras, la mejor y absoluta explicación es: “El silencio”. Los grandes genios religiosos y científicos de todos los tiempos se han distinguido por el sentimiento cósmico religioso, que no conoce dogmas, ni concibe a Dios a imagen y semejanza humana.
Las cualidades de Dios no son relativas, son absolutas en existencia, felicidad y sabiduría, o sea que el Gran Espíritu de Dios es infinitamente bueno y justo. Por lo tanto es perfecto en todas sus atribuciones. Su misma esencia equitativa, no le permite favorecer a unos y a otros dejarlos al margen. El mal, no tiene existencia propia, la fuente del mal, que es relativo, está en la mente del hombre. La filosofía vedanta asevera que: “El hombre que le hace daño a otro hombre, se está haciendo daño él mismo, porque todos somos uno con la Gran Unidad”. Jesús de Nazareth: “Mi Padre y Yo somos Uno”.
El autor es empresario y teósofo.