Alejandro Serrano Caldera
En 1905, hace cien años, un joven alemán de 26 años, empleado de la oficina de correos de Berna, dio a conocer la ecuación que ha producido la revolución más importante en la historia de la ciencia. La energía es igual a la masa por el cuadrado de velocidad. E>mc2.
Con esa fórmula, Einstein representaba la Teoría de la Relatividad, que demuestra la inexistencia del tiempo y el espacio absolutos. Tiempo y espacio sólo existen en tanto referidos a un sujeto que participa como actor u observador de los acontecimientos.
Por tal razón, el espacio no es el escenario absoluto e inmóvil en el que ocurren los acontecimientos, ni el tiempo la sustancia que fluye del pasado hacia el futuro, sino hechos que adquieren un orden determinado en la medida en que pasan a formar parte de la conciencia del sujeto que los percibe.
Conocidos son sus ejemplos para ilustrar la relatividad del tiempo y el espacio. El del tren que se desplaza del punto B al punto A. Un observador se encuentra sentado en el terraplén situado junto a la vía. Dos rayos caen simultáneamente, uno en el punto A y otro en el punto B. Por la posición del observador, equidistante y provisto de un sistema de espejos que le permite ver ambos puntos sin necesidad de girar la cabeza ni hacer ningún tipo de movimiento, le es posible percibir la caída de ambos rayos al mismo tiempo. Para él, en esa situación específica, se trata de un fenómeno simultáneo.
Otro observador se encuentra situado en el techo del tren provisto de un sistema de espejos que, al igual que al primer observador le permite ver ambos puntos, A y B. Al pasar frente al observador del terraplén se produce el fenómeno de la caída de ambos rayos, en los puntos A y B. Como él se encuentra en el techo del tren que se dirige del punto B al Punto A, es obvio que el rayo que cae en el punto B, punto de partida, se reflejará en sus espejos una fracción de segundo más tarde que el rayo que cae en el punto A, punto de llegada
“Para evitar dudas sobre esto, dice el Profesor L. Barnett en su libro El universo y el doctor Einstein, podemos imaginarnos por un momento que el tren se mueve a la imposible velocidad de 298,055 kilómetros por segundo, que es la velocidad de la luz. En tal caso, la luz proveniente de B que viaja a la misma velocidad que la de A no podrá reflejarse nunca en los espejos, por serle imposible rebasar el tren. Así el observador a bordo del tren asegurará que solamente un rayo cayó sobre la vía. Y cualquiera que sea la velocidad del tren, el observador móvil insistirá siempre que el rayo en A cayó antes sobre la vía. Por lo tanto, los rayos que son simultáneos para el observador estacionario no lo son para el observador que se halla a bordo del tren”.
Otros ejemplos da Einstein para ilustrar su teoría. El caso de la persona que llama a su amigo a las 7:00 p.m. de Nueva York a Londres en donde es medianoche. Ambos hablan al mismo tiempo a pesar de las 5 horas de diferencia. “Pero esto se debe a que ambos residen en el mismo planeta y sus relojes están engranados al mismo sistema astronómico”.
Diferente, en cambio, es lo que ocurre cuando miramos el firmamento. Lo que vemos es la luz que hasta ahora llega a nosotros emitida por estrellas que se apagaron, quizás, hace millones de años.
La Teoría de la Relatividad incide en los conceptos de la ciencia y de la filosofía sobre el tiempo y el espacio; sin embargo, me atrevo a pensar que es la filosofía, el Idealismo Trascendental de Kant, su antecedente fundamental.
Kant en su crítica a Hume y en las principales reflexiones de la Crítica de la Razón Pura, sostiene que sólo somos capaces de conocer la apariencia de las cosas pero no su sustancia.
Los fenómenos que existen en el mundo físico adquieren la expresión que tienen para nosotros al entrar en contacto con nuestros órganos sensoriales. Las sensaciones en sí tienen la identidad que le confieren nuestros sentidos y nuestra razón. Así la vibración del aire se vuelve sonido por el oído y las ondas electromagnéticas se vuelven color por el ojo.
El ser humano conoce algo que él mismo construye por la percepción sensorial del caos de sensaciones y vibraciones y por la razón. La razón realiza aquí una doble función: por una parte ordena el caos de sensaciones que capta nuestra sensibilidad dando armonía a la sucesión de colores y sonidos, y por la otra, deduce los conceptos universales, como causa, orden, uniformidad, sustancia, que permiten fundar la ciencia sobre las leyes, relación de causalidad, etc. Son los que él llamó los juicios sintéticos a priori que existen con independencia de la experiencia empírica.
La Crítica de la Razón Pura de Kant es un antecedente de la Teoría de la Relatividad de Einstein. No podemos tener conocimientos absolutos, todo cambia y se modifica en relación al sujeto. Si los sentidos de los seres humanos fueran diferentes, diferente sería la idea del mundo que ellos nos proporcionarían.
La Teoría de la Relatividad de Einstein y del Idealismo Trascendental de Kant, son llevadas a su expresión más radical en el Principio de Incertidumbre o Indeterminación, enunciados por Heisenberg en 1927 y por el cual demuestra que por el sólo hecho de observar la posición del electrón, éste cambia de velocidad; y, por otra parte, mientras la velocidad se determina en forma más exacta, cambia de posición. Por lo tanto es imposible conocer su velocidad y posición, o sea, que es imposible conocerlo.
La generalización de este principio nos llevaría a asumir no sólo que las cosas no se pueden conocer tal como ellas son en sí mismas, sino que estas cosas no son nunca una sustancia permanente e inmutable en medio de sus cambios y transformaciones. Si esto es así, la filosofía tiene que volver a preguntarse ¿dónde está el ser de las cosas? ¿Dónde está la sustancia?
La influencia de la Teoría de la Relatividad de Einstein en la filosofía es tan grande como la influencia de la filosofía de Kant en ella. Entre ambas deben reconstruirse conceptos como los de sustancia, ser, ente, tiempo, espacio… para darles coherencia con los descubrimientos de estos dos prodigiosos pensadores. Ellos han revolucionado no sólo la física y la filosofía, sino la idea de la vida y del mundo.
Pero más allá de la Razón Pura y de la Relatividad, quedan siempre vigentes las grandes preguntas de la filosofía, y de la metafísica. ¿Por qué existen los seres y no la nada? ¿Por qué hay en la materia una tendencia a la organización y no al caos? ¿No será que el universo tiende a tomar conciencia de sí mismo a través del cerebro del hombre?
El autor es filósofo nicaragüense