Adolfo Miranda Sáenz
Cuando se es funcionario público es difícil separar la persona del cargo; pero escribo en mi carácter estrictamente personal para expresar —con todo derecho— mi criterio muy particular sobre un tema de mucha importancia para la salud moral de nuestra niñez y nuestra juventud.
Hay dos telenovelas brasileñas que se pasan por las noches y que fomentan en los niños y jóvenes valores contrarios a los principios morales que sustentamos la mayoría de los nicaragüenses, que creemos en la familia como base de la sociedad y que sabemos que las familias sanas y estables producen una sociedad sana y estable. En esas telenovelas se enseña que basta que dos personas se atraigan sexualmente para “estar juntos”, sin compromiso, sin responsabilidades y sin estabilidad.
Hay una corriente en el mundo que está minando la base moral de la sociedad atacando a la familia y a los principios morales que sustentamos los cristianos. Esa corriente, impulsada por una minoría muy activa y poderosa, pretende imponer sus criterios y costumbres sobre la mayoría usando hábilmente los medios de comunicación.
La telenovela Celebridad, presenta con música romántica y agradable, envueltos en sábanas de seda y con un entorno dulzón, a un hombre y una mujer cometiendo un adulterio que amenaza con destruir una familia ya golpeada por la muerte trágica de un hijo, como si se tratara de algo normal y bueno. La esposa traicionada, es presentada como una mujer un tanto desequilibrada, para justificar el adulterio del marido.
Con parecida musiquita de fondo y escenarios románticos, la novela Mujeres apasionadas, presenta haciendo el amor a una mujer con el novio de la hija de su esposo; y se trata nada menos que de la directora de un colegio. Otra mujer hace el amor con el amante de su empleada, que está casado con una tercera. La ricachona dueña de un colegio vive en amancebamiento público y ostentoso con un jovencito hijo de sus empleados, a quien bañó, vistió, maquilló y perfumó para tenerlo como su juguetito sexual. Luego, aparece la nuera disputándole el juguetito a la suegra. Una maestra del mismo colegio da alas a los sentimientos de un adolescente enamorado de ella, que es su alumno, poniendo en peligro la vida del mismo en manos de un marido celoso y demente. En el mismo colegio conviven abierta y públicamente una parejita de niñas lesbianas cuyo caso lo presentan como normal, natural, encomiable y hasta víctimas de la intolerancia… y así podríamos señalar muchas otras situaciones en las dos novelas encaminadas a convencernos de que, como así sucede en la vida real, debemos ver todo eso con ojos complacientes. Esas historias son presentadas como situaciones justificadas y agradables, con técnicas musicales, de actuación, de contexto y de escenarios para mover al televidente a simpatizar con los personajes y con su conducta.
Entre las ocho y las diez de la noche hay niños y niñas de 12, 13, 14 años… viendo la televisión y recibiendo el mensaje de que eso es correcto, romántico y maravilloso. Que cualquiera puede acostarse con cualquiera; no importa el sexo, la edad, el matrimonio, el compromiso; ni si el otro u otra es casado o se destruye una familia. Si se gustan, ¡adelante! Como los animales. Que no debe existir ni noviazgo ni matrimonio, basta simplemente “estar juntos” cuando quieran y dejar de estarlo con la misma facilidad con que se juntaron, sin responsabilidades ni compromiso.
¿Vamos a permitir que la televisión continúe con tales abusos corrompiendo nuestra sociedad? En el cine hay restricciones para entrar a los menores. Pero la TV en Nicaragua, entre sangre, pandilleros y novelas inmorales está causando un gravísimo daño con sólo hacer clic. Algunos canales abusan de la concesión de frecuencia. ¿Libertad de prensa? En muchos países donde se respeta la libertad de prensa hay regulaciones de horario para ciertos programas de TV. Debemos proteger a los niños y jóvenes. Los adultos, que vean lo que quieran, pero de las 10 de la noche en adelante.
El autor es Secretario Privado del Vicepresidente de la República