- La acción comienza cuando el cliente cuelga el teléfono, después de pedir comida rápida. Alguien hace la pizza, empaca el pollo o factura la medicina. Luego viene la adrenalina de los motorizados que, para saciar el hambre de los clientes o el dolor de los pacientes, ponen en riesgo sus vidas con tal de entregar “en caliente” el pedido. A cambio reciben gracias, quizás propinas, a veces maltrato y siempre poco salario; si la suerte está echada, sufrirán accidentes
José Adán Silva
De la pequeña pizzería de la colonia Cristian Pérez a LA PRENSA existen aproximadamente 3,000 metros de distancia.
El motociclista que traía en su Yamaha RX100 nuestro preciado tesoro de jamón y pepperoni, se bajó aún con la velocidad y la prisa impregnada en sus modos, y con una cortesía de a mil por horas.
Se le quiso entrevistar, a la misma carrera que él transpiraba, pero fue difícil. Apenas soltó unas cuantas palabras y se fue con la misma celeridad con que llegó. Lo único rescatable de la entrevista rápida fue lo siguiente: la pizzería anunció que la comida llegaría en 30 minutos máximo, la cocinaron en 25, la despachan en dos, y llegó en tres.
Sacando una sencilla conversión física de calculadora y lápiz, se revela que el entregador de pizza recorrió tres mil metros en tres minutos, a una velocidad de 60 kilómetros por hora.
¿Cómo hizo? La zona de Carretera Norte es muy circulada, con semáforos e intersecciones multivías y en todo el trayecto no existe un rótulo que indique más de 45 kilómetros por hora.
¿VELOCIDAD POR ENCARGO?
La respuesta quizás esté en Julio Cuadra Rocha, un ex repartidor de servicios rápidos que se retiró del oficio tras dos accidentes en los que miró muy de cerca a la mítica señora huesuda de hábitos negros y guadaña gris.
Cuadra Rocha trabajó cinco años en diferentes lugares de servicios delivery. Entregó medicinas, repartió comidas y notificó cobros y demandas judiciales, a bordo de su ya inservible motocicleta soviética MZ 250.
“Cuando vos sos joven no le tenés miedo a la velocidad, al contrario, te emociona y le metés candela al asunto. Pero lo malo es cuando a eso le agregás la obligación de cumplirle a la empresa y la necesidad de ganarte unos bollos que necesitás en tu casa”, dice Cuadra Rocha.
“Ya no le sentís gusto cuando el supervisor de entregas te dice que te apurés o le da las otras entregas a los otros compañeros. Como ganás poco, empezás a sentir presión, la competencia con tus mismos compañeros te obliga a correr, por necesidad y ahí vienen los accidentes porque andás la mente llena de problemas”, cuenta Cuadra, ahora dedicado a la venta ambulante de productos en carro.
“En una empresa de medicina nos pagaban hace tres años 450 córdobas de salario básico, más depreciación de la moto, que eran como 300 córdobas al mes. El Seguro lo pagábamos nosotros y la empresa asumía el costo de las medicinas. En lo que nosotros nos defendíamos era en las comisiones, nos pagaban como ocho córdobas por entrega, entonces tratábamos de entregar lo más rápido posible, para regresar a agarrar el próximo vuelo, y así fue que casi me mato”, recuerda.
LA MUERTE DE CERCA
Una noche de invierno alguien pidió de urgencia unas inyecciones para el dolor, Cuadra era el único que estaba disponible a esa hora y habían dos pedidos más que entregar, con carácter de urgencia.
Salió raudo a su misión en Altamira, pero no llegó.
La corriente provocada por la lluvia cubría un hoyo en el adoquinado que Julio no logró ver.
La moto saltó, cayó de costado y resbaló como 30 metros hasta estrellarse con un vehículo parqueado.
El motociclista sufrió lesiones en todo el cuerpo, estuvo hospitalizado casi un mes con trauma craneoencefálico y luego pasó cuatro meses recuperándose en casa de las lesiones. La empresa asumió los costos de la recuperación por dos meses, y luego lo despidió sin más beneficios.
Ahora, ya alejado del rugido de las motocicletas, Cuadra no quiere saber nada de aquel oficio que, para bien o mal, se ha convertido en una creciente fuente de empleo en Managua.
SALARIOS REPTILES
Rosticerías, pizzas, farmacias, correos y restaurantes, ofrecen servicios delivery y compiten en dos cosas: velocidad en las calles y bajos salarios.
LA PRENSA llamó a los lugares que ofrecieron empleo a motociclistas, en anuncios aparecidos los últimos 15 días en los periódicos y el salario que más alto se cotizó fue de 1,500 córdobas mensuales.
En los demás lugares el salario osciló entre 600 y 1,000 córdobas al mes. Algunos ofrecen comisiones de hasta 15 córdobas por entrega, otros ofrecen “propina segura” y otros “bonos por cumplimiento”.
No todos los negocios consultados pagan seguros de vida, pero la mayoría ofrece depreciación del vehículo y gastos médicos en caso de accidente en misiones de trabajo.
Si por casualidad un agente de la Policía logra darles alcance y los multa, el pago de la sanción corre por cuenta del motociclista. Si dañan la moto de la empresa, se les deduce del salario.
Estas ofertas laborales no son bien calificadas entre los mismos motociclistas, pero ante la falta de empleo, no les queda de otra, tal y como lo expresó en anónimo un repartidor de una prestigiosa empresa de pollos rostizados.
“A nadie de los que yo conozco le gusta correr por gusto, porque no vale la pena quebrarse la vida por 15 ó 20 pesos que te puedan regalar de propina, lo que pasa es que si llegás con la comida fría el cliente te la puede regresar y eso es como si perdieras el empleo. Dos veces que te regresen comida, y te corren”, dijo. .
LA VIDA POR 30 MINUTOS
En otros negocios de comida rápida existen promociones que dependen de la velocidad con que el motociclista conduzca: “30 minutos o gratis”.
Si la comida llega después de 30 minutos, el cliente no paga, el motociclista invita.
LA PRENSA habló con tres trabajadores de este negocio en las afueras del local, y ellos confirmaron los pormenores de la promoción.
“No te cobran todo, te deducen del salario el 50 por ciento del valor de la factura”, dice uno de ellos.
Ahí ganan 1,200 córdobas netos al mes. De ahí deducen el Seguro y los impuestos.
“Aquí la gente cree que uno anda rápido por gusto, pero no es cierto, esa es la misión que nos dan y si no la cumplimos nos corren”, dice uno de los moticiclistas.
Mientras tanto, Managua seguirá viendo a los motociclistas de servicios delivery, haciendo malas maniobras, saltando bulevares, haciendo añicos las leyes de Tránsito y burlando la suerte con tal de entregar a tiempo la pizza caliente, la medicina o la promoción de pollos.
MOTOCICLISTAS SIN LEYES Y A LA BUENA DE DIOS
¿Quién controla el trabajo de los motociclistas que reparten productos de empresas de diferentes rubros? El Ministerio del Trabajo (Mitrab), dice que la parte “operativa” del empleo le corresponde a la Policía Nacional, y que la parte “administrativa” del oficio a la empresa y al mismo Mitrab.
Luis Enrique Martínez, director general de Higiene y Seguridad Ocupacional del Ministerio del Trabajo, dijo que uno de los principales problemas que existen para regular y supervisar la calidad de este tipo de trabajo es el lugar del trabajo de los motociclistas: la calle.
“El trabajo es su equipo, y en este caso es el vehículo, a cualquiera que trabaje entregando mercadería, conductores o cualquiera que trabaje en un automóvil, la ley los protege desde el punto de vista de prevención, en caso de que les llegase a pasar algo”, dijo.
“Si se accidentan en su horario de trabajo, realizando actividades propias del trabajo, es catalogado como accidente laboral y los costos los cubre el empleador ya sea para gastos médicos o indemnización”, dijo.
“¿Cómo supervisarlos? Ese es el problema, nosotros miramos la prevención vial, pero se mira dentro de las instalaciones de la empresa, como los montacargas, que están a lo interno de una empresa, donde se puede supervisar si hay señales, si usan equipos, etcétera, pero en el caso de los motociclistas se nos sale de la mano su control porque ellos salen de la infraestructura de la empresa y entran a otro régimen de supervisión, que es la zona vial del municipio, y ahí quien tiene que actuar es la Policía de Tránsito”.
“La Policía establece que hay una velocidad máxima en las vías centrales, entonces quién tiene que regular ésto, independientemente que la empresa les exija horarios de entrega contrarreloj, quien regula o debe regular lo que ellos hacen, es la Policía de Tránsito. Nosotros como Ministerio no podemos regular el trabajo de los motociclistas, lo que nosotros podemos ver es, si las empresas le garantizan sus derechos a los trabajadores y los obligan a usar protección con los equipos adecuados, como cascos y motos en buen estado, pero tampoco podemos regular los salarios en esas áreas”.
“Las empresas tienen responsabilidades, si les llegase a ocurrir algo a los empleados, la empresa tiene que asumir los costos, porque se cataloga como accidente de trabajo y eso lo paga el empleador”.
SIN LÍMITES
Aunque las leyes de Tránsito establecen que la máxima velocidad para circular por algunas arterias de Managua es de 55 kilómetros por hora, los motociclistas que entregan comidas rápidas y otros productos a domicilio, circulan arriba de esa velocidad, poniendo en peligro sus vidas y las de otros conductores.
