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Enrique Bolaños administra, pero ya no gobierna

Eduardo Enríquez

Roman, Times, serif»>En Blanco y Negro

Enrique Bolaños administra, pero ya no gobierna


Eduardo Enríquez




Después de la pomposa firma del acuerdo de diálogo entre el presidente Enrique Bolaños y el líder sandinista, Daniel Ortega, el “mandatario” ha quedado como los reyes europeos, que reinan, pero no gobiernan.

En el caso de don Enrique, ha quedado administrando, pero ya no gobierna. Se podría decir que para fines prácticos su período terminó el 12 de enero del 2005, con la firma de ese acuerdo con Ortega, aunque formalmente dure hasta el 10 de enero del 2007.

El día que firmó el acuerdo del diálogo firmó en realidad su capitulación. Desde ese día su gobierno ha entrado en una parálisis impresionante, que no le permite ya ni siquiera hacer propuestas.

Bolaños podrá alegar que se siguen recaudando los impuestos, que avanzan proyectos de infraestructura, que se abre una maquila aquí y otra allá, que se agiliza la integración centroamericana, que ya el robo no es política de Estado, o cualquiera de mil ejemplos de índole administrativa, pero el problema está en que ésa no es la única función de un gobernante.

La otra función, y quizás la más importante porque tiene un carácter permanente, es la de guiar al país hacia un modelo diferente de sociedad, de sistema de gobierno, de forma de hacer las cosas. Y para eso se necesita liderazgo, que es algo que Bolaños ha perdido totalmente.

Muchos nos entusiasmamos con la lucha anticorrupción y fue un buen comienzo, pero esa lucha no sólo se trataba de echar preso a unos cuantos delincuentes de cuello blanco, sino más bien de romper la coraza de acero que el pacto se había creado a través del control de las instituciones.

Sin embargo, Bolaños nunca pudo obtener una victoria clara ni en la más pequeña de las batallas de esa guerra.

Pero lo insólito es que cuando don Enrique comenzaba a motivar el apoyo de la población por su oposición a las reformas constitucionales, capituló y a la gente le quedó el amargo sabor de boca de que Bolaños había preferido terminar su período en paz, aunque reducido a menesteres domésticos, antes de ponerse en el riesgo de perderlo todo por insistir en su lucha contra el pacto.

Desde entonces está recluido en la Presidencia o anda inaugurando un puente o un programita de desarrollo o cualquier cosita de las que le están dejando hacer. Sin embargo, para lo que cuenta, está paralizado.

La parálisis es tal que ni siquiera pudo ripostar a los diputados que estaban desbaratando el Presupuesto y el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, con una propuesta que llamara la atención.

Por ejemplo, tuvo que ser Daniel Ortega el que saliera con la idea de deshacerse temporalmente de los 400 mil córdobas que anualmente se le asigna a cada diputado para solucionar parcialmente el tema de los maestros. A eso los medios le han llamado “la propuesta de Ortega” y éste se lleva las flores. ¿Cómo no pudo hacer esa propuesta Bolaños desde el principio?

O la propuesta de la regulación salarial. Ahora dice que está de acuerdo, pero fue incapaz de formular una propuesta propia.

Hace meses se hablaba de un plan para reducir al Presidente a una simple figura decorativa. El plan es ya una realidad.

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