Carlos Chamorro Coronel*
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El destino de Cuba
Carlos Chamorro Coronel*
Cuba, tras la desaparición física del dictador Castro que convirtió la Perla de las Antillas en una enorme prisión, va a convertirse indefectiblemente en un bastión de la democracia y libertad, además de progreso. Es bien conocido y hasta proverbial el empuje y espíritu emprendedor de los cubanos que han cambiado radicalmente la fisonomía de Miami y la misma Florida.
Al desaparecer algún día —que no puede estar muy lejano dada la edad del dictador (de hecho ya ha tenido dos caídas espectaculares, y en público)— de la escena política Fidel Castro, todo tendrá que cambiar hacia el bien. Su hermano Raúl no tiene ni la capacidad, ni la astucia ni el carisma, demagógico como el de Hitler, para mantener en el engaño a todo un pueblo que ansía liberarse. Y si dudamos, me pregunto yo qué sucedería si en este momento el gobierno cubano permitiera que sus ciudadanos abandonasen libremente la isla. Todos conocemos a infinidad de cubanos que han salido de la isla y sabemos de muchos otros que no pueden hacerlo.
¿Por qué no pueden hacerlo? Simplemente porque se los prohíbe el capricho omnímodo de un dictador enloquecido por el poder total y absoluto que no permite de ninguna manera que sus súbditos ejerzan el inalienable derecho de emigrar que tienen como seres humanos. Por qué he de quedarme en un país que no me gusta. Todos los regímenes comunistas han obligado a sus ciudadanos a permanecer en sus países convertidos en gigantescas prisiones al estilo del Archipiélago Gulag del que habla el escritor ruso Alexander Solzcenitzin. Pero si cayó en su día el Muro de Berlín y la Cortina de Hierro, algún día caerá también la muralla cubana.
Y el fin está inminente. Recientemente, el gobierno cubano tuvo que ceder a la presión de la Unión Europea que le exigía la libertad de los presos políticos encarcelados por la simple razón de reclamar los más elementales derechos ciudadanos como son la libertad de expresión y elecciones libres, dos cosas que los dictadores aborrecen porque ponen en peligro su poder.
Por otro, la realidad —que a la izquierda no le gusta aceptar— es que el régimen cubano ha entregado la isla a las transnacionales europeas que son las que mantienen la economía de Cuba a flote, además de las remesas de los familiares en EE.UU. Sin ellas hace tiempo que se hubiera derrumbado el régimen. La tal economía cubana es, pues, una farsa, porque está sostenida por las transnacionales que la mantienen viva, sacrificando de esa manera a todo un pueblo que gime literalmente reclamando su liberación.
¿Por qué no funciona la economía cubana? Simplemente porque sin libertad de empresa —desde luego en el marco legal que impida abusos y corrija errores— no puede haber desarrollo. Nunca ha funcionado ni puede funcionar una economía planificada. Ni en el arte ni en los negocios se puede imponer criterios únicos y uniformes, porque contraría y obstaculiza el mismo impulso vital creador. Nadie le dijo a Henry Ford cómo hacer las cosas, pero con su invento genial de la producción en serie revolucionó la industria para siempre abaratando los costos. Ya están prediciendo expertos que China tendrá que liberar controles sobre la Bolsa de Valores si quiere alcanzar las dimensiones gigantescas proyectadas dentro de algunos años. Y lo mismo tendrá que suceder en Cuba tarde o temprano.
* El autor es analista político