Beverly Ballaro y Christine Bielaszka-DeVernay
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Cuando escriba un texto conozca su objetivo
Beverly Ballaro y Christine Bielaszka-DeVernay
Ningún texto, ya sea para ser leído o escuchado, es eficaz si el autor lo ha creado sin un claro objetivo. En tales circunstancias, la tendencia natural es a poner en la mezcla un poco de cada cosa. Pero, tal como señaló la redactora de discursos Peggy Noonan en su libro On speaking well» (Hablando bien, Regan Books, 1999), “un discurso sobre todo es un discurso acerca de nada”.
¿Es su objetivo informar a su unidad acerca de un cambio en la estrategia de una empresa? ¿O recomendar la necesidad de controlar los costos? ¿O persuadir a su jefe que permita la implementación de un nuevo proceso de producción? Tal vez su propósito es informar, inspirar y persuadir. Sin importar el objetivo, enúncielo en una simple sentencia directa, o en dos.
Mientras trabaje para elegir entre las ideas sólo aquéllas que hagan avanzar su propósito, tome en cuenta a su audiencia, recomienda Alan M. Perlman, autor de Writing great speeches (Escribiendo grandes discursos, Allyn & Bacon, 1998). ¿Qué tipo de conocimiento poseen los lectores a los cuales usted piensa dirigirse?
Basta recordar el caso del Premio Nobel que en una ocasión emocionó a su audiencia al narrar su contribución a la lucha contra el hambre. Su audiencia estaba pegada a sus asientos escuchando el relato … hasta que anunció: “He aprendido muy bien la lección en 60 años de estudios destinados a mantener la resistencia al óxido en variedades de trigo contra el hongo del género Puccinia”.
Aunque la audiencia continuó sentada con toda cortesía en el salón, era evidente que nadie había entendido una palabra.