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En el Día de la Periodista
La conmemoración, del Día Nacional del Periodista, en este 1 de marzo del 2005, debe estar dedicada a María José Bravo, la joven periodista que fue asesinada el 9 de noviembre del año pasado en Juigalpa, Chontales, mientras cumplía su trabajo de corresponsal del Diario LA PRENSA y del Diario Hoy en aquel departamento.
Pero también debe estar consagrado este Día Nacional del Periodista a la solidaridad con otra corresponsal departamental de LA PRENSA, Carol Munguía, quien ha sido amenazada de muerte después que el jefe del FSLN, Daniel Ortega Saavedra, profirió contra este Diario falsas e irresponsables acusaciones —según las calificó el Director General de la Policía Nacional, comisionado mayor Edwin Cordero—, por la muerte a balazos de tres personas durante una represión policial contra las usurpaciones de tierras que están ocurriendo en aquella zona.
No cabe duda de que la profesión de periodista es una de las más peligrosas del mundo. En realidad, todos los oficios tienen sus correspondientes riesgos profesionales, directos e indirectos. Pero hay profesiones que son más peligrosas que otras y tal es el caso del periodismo, pues los periodistas son agredidos deliberadamente e inclusive a algunos se les mata porque informan sobre lo que a algunas personas con mentalidad criminal no quieren que se diga, pero que la sociedad tiene derecho de saber.
Precisamente, María José Bravo fue asesinada porque a miembros fanáticos de un partido político les molestaba que ella informara sobre hechos irregulares de manipulación del sufragio ciudadano en algunos municipios de Chontales, lo mismo que sobre otras actividades delictivas cometidas en la región por grupos y personas criminales.
De la misma manera, fanáticos políticos de otro partido cuyos líderes se consideran dueños de vida y hacienda de los nicaragüenses, amenazan a la periodista Carol Munguía, corresponsal de LA PRENSA en Chinandega, porque ella ha informado sobre un hecho de mucho interés público como es la usurpación de tierras ajenas que causó la muerte de tres personas, el miércoles de la semana pasada.
María José Bravo no pertenecía a ningún partido ni tenía interés político al recoger y transmitir sus informaciones. Y lo mismo se debe decir sobre Carol Munguía y en general respecto a todos los periodistas que trabajan en el Diario LA PRENSA. Gracias a los principios de honestidad, veracidad, responsabilidad e imparcialidad que sustentan e impregnan éticamente la labor de los periodistas de LA PRENSA, a ellos les son ajenas las pasiones y los intereses creados que son propios de la política partidista.
Al mismo tiempo, la obligación ética de informar con veracidad, honestidad y responsabilidad es irrenunciable. Y por lo tanto, las amenazas y agresiones contra los periodistas independientes no han impedido ni podrán impedir jamás que sigan informando sobre problemas “delicados” como la corrupción, los fraudes y cualquier otra clase de abusos que cometen los delincuentes políticos o comunes.
Reconocemos que eso es lo que hace sumamente peligroso el ejercicio del periodismo, no solamente en Nicaragua sino que en todas partes del mundo. Pero, como muy bien señala un insigne maestro de la ética informativa, el periodista colombiano Javier Darío Restrepo, esos riesgos y dificultades inevitables e ineludibles del oficio de periodista se tienen que enfrentar ante todo con los tres grandes valores éticos del periodismo: la verdad, la responsabilidad y la independencia.
Con veracidad, responsabilidad e independencia estaba cumpliendo su labor la joven periodista María José Bravo, cuando fue asesinada en Juigalpa, el 9 de noviembre del año pasado. Con veracidad, responsabilidad e independencia ejerce su labor profesional de periodista la experimentada corresponsal de LA PRENSA en Chinandega, Carol Munguía, y por eso la han amenazado de muerte.
Últimamente, los riesgos del ejercicio del periodismo han aumentado como consecuencia del entronizamiento “legal” de una dictadura bipartidista, sandinista-liberal, que se ha apoderado de casi todas las instituciones republicanas y que para consolidarse quiere terminar también con la libertad de expresión e información, y someter a los periodistas independientes.
Pero así como las fuerzas democráticas derrotaron antes a las dictaduras somocista y sandinista (ambas enemigas juradas de la libertad de información y de los periodistas independientes), tenemos la confianza en que más temprano que tarde también derrotarán a esta nueva dictadura bicéfala que se ha fundado en una amoral connivencia bipartidista.