Róger Fischer S.
Era sábado por la tarde, el calor sofocante fue disminuido por el aire acondicionado de la capilla del Colegio Calasanz. El acto eucarístico se inició como de costumbre y la lectura del Evangelio citó el milagro de Cristo, cuando frotando sus dedos con lodo y saliva colocó sus manos sobre los ojos de un ciego y le pidió a éste que fuese a lavar su rostro a la fuente más cercana. El ciego vio y empezó a dar gracias al Altísimo, los sacerdotes quisieron ignorar el milagro, los fariseos buscaron cómo enredar a la familia y acusar a Cristo de farsante y sedicioso por dar la vista a aquel pobre joven ciego y así, de acuerdo al testimonio, el hijo del hombre nos dejó una gran lección.
En esta Cuaresma y dadas las condiciones de Nicaragua, hay que aprender a ver, saber ver, ver con los ojos del amor al país y al prójimo. Éste es el momento en que debemos quitarnos las vendas de los ojos y quienes tenemos devoción por la democracia y la libertad, unirnos ante el peligro inminente que tenemos sobre nuestras cabezas. La dictadura ya está instaurada. Hay una persona que maneja todos los poderes del Estado, excepto el Ejecutivo a quién embiste con toda su potencia y capacidad.
Dios nos está señalando nuestra ceguera a todos, al ex presidente Alemán por negociar en cautiverio sin posibilidad alguna a su favor. A las autoridades de la Iglesia Católica por dejarse embaucar innecesariamente. A los diputados liberales por su falta de visión política a pesar de ser mayoría. A los magistrados liberales del Poder Electoral por seguir obedientemente las consignas del líder del partido opositor y a los magistrados de la Corte Suprema disminuidos por la misma razón. No ven ellos con claridad que su líder rehén no va a ser soltado hasta que todas las piezas del ajedrez estén a favor de los sandinistas ortodoxos. Estos señores acaso no miran el eje de Chávez, Daniel y Fidel. Nuestros políticos del PLC con su lealtad, muy respetable por cierto, juegan con la libertad de los nicaragüenses y con el futuro de nuestros hijos y nietos. A diario seguimos escuchando el manido discurso de siempre: antiimperialista, atacando a la burguesía (¿cuál?)… y al capital, también ¿cuál ?… si además del grupo Pellas, apenas han quedado unos cuatro banqueros que se la juegan en el país. Es del dominio público quiénes son los que tienen y manejan los grandes recursos del país, cuál es la fuente de “su” propiedad y hacia dónde orientan las utilidades.
La paz de la República y la tranquilidad de sus ciudadanos no puede ser agitada y violentada por un grupo de aventureros que ya probaron en el pasado que no tienen capacidad para manejar una nación. La clase media fue diezmada en los años ochenta, hoy emerge de nuevo con profesionales, pequeños y medianos comerciantes e industriales, agricultores, operadores de turismo, medianos hoteleros, etc; El pueblo, nuestro sufrido pueblo, ya no quiere más engaños y cantos de sirena, ni modelos cubanos, ni caricaturas de Bolívar. Nuestra gente quiere trabajar, tener acceso a la educación y a la salud, tener opción por una vivienda digna, precisamente a todo lo que le negaron con el pretexto de la guerra.
Hoy la venda de los ojos ha caído, casualmente, desde el rostro de los mismos sandinistas, quienes se han dividido y hay un sector fuerte —que ya no desea el mismo cuento de siempre—. La mística que hizo posible el triunfo de la revolución sandinista parece que no se ha perdido totalmente; y si hace pocos años fue sueño de Sergio Ramírez y su grupo con sus iniciales al revés, hoy se viste de gala con la presencia de Herty Lewites, quien ha mostrado decisión y reciedumbre, contrastando con los líderes liberales de nuevo cuño, muy dados a la prudencia y a la voz baja.
Éste es el momento en que el doctor Alemán como líder del Partido Liberal Constitucionalista tome una decisión histórica, por encima de sí mismo y de su libertad (la que nunca va a alcanzar con Daniel). Una decisión que le devuelva el respeto de los nicaragüenses y que llame a la unidad de todas las fuerzas liberales para vencer a los enemigos de la libertad. Arnoldo es hábil, y aunque sabe que ya no puede ser el candidato de los liberales, puede jugar una partida decisiva en la consolidación de nuestra incipiente democracia. Si lo hace se posiciona en la historia como estadista. Si continúa de rehén, pasará como el socio débil de un dictador, como alguien que pudo haber sido y no fue.
La coyuntura, por obra de Dios, la están dando los mismos sandinistas. Es cuestión de ser ciego o visionario.
El autor es publicista