Marcela Sánchez
Está ocurriendo nuevamente en Bolivia. Manifestantes liderados por Evo Morales están poniendo a otra administración de rodillas. Este lunes, el Presidente Carlos Mesa presentó su carta de renuncia después de días de manifestaciones que amenazaban con estrangular al país. Más allá de esta frustrante repetición de eventos, esta última crisis revela que Washington ha aprendido una lección y Morales debiera aprender otra.
Hace 17 meses, el predecesor de Mesa, Gonzalo Sánchez de Lozada, renunció después de un mes de violentas manifestaciones callejeras que habían paralizado al país y dejado a docenas de personas muertas. Sánchez acusó a Morales de su caída y a una presunta conspiración narco-socialista internacional.
Morales es un defensor de las poblaciones pobres e indígenas tradicionalmente marginadas en Bolivia. Encabeza el Movimiento Al Socialismo (MAS), ahora el segundo partido político más fuerte en el Congreso. Y lo que resulta más significativo, Morales es líder de los cocaleros en un país donde la coca es un modo de vida, un cultivo tan preciado como el de papa en Idaho o el de café en Brasil.
Morales se sitúa pues como antagonista de un Washington que tiene escasa paciencia con aquellos cuyos cultivos pueden transformarse en cocaína en las calles estadounidenses. Esta línea dura antidrogas ha generado rencor entre un buen número de bolivianos. Algunos funcionarios de la administración Bush han señalado que acercarse a Morales y al MAS es lo mismo que acercarse a grupos como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, el movimiento guerrillero más grande de ese país y una organización terrorista internacional según el Departamento de Estado.
Como se esperaba, el Congreso boliviano se negó a aceptar la renuncia de Mesa el martes en la noche. Tras llegar a un acuerdo con líderes del congreso, Mesa esperaba salir de esta crisis con el tipo de apoyo legislativo que le ha faltado hasta ahora. Desafortunadamente, no parece que éste sea el caso.
Ya el miércoles, Morales prometió continuar las protestas en rechazo al proyecto de ley de Mesa sobre hidrocarburos. El proyecto establecería los términos para la explotación de la reservas de gas natural bolivianas, las segundas más grandes en América Latina. Ante la imposibilidad de lograr un respaldo a su posición en el Congreso, Morales salió a las calles para insistir que las regalías pagadas por inversionistas extranjeros en la industria de gas, aumenten del propuesto 18 por ciento al 50 por ciento.
Pero como lo ha hecho desde que llegó al poder, Mesa volvió a tenderle la mano a Morales. Como lo indicó cuando anunció su renuncia, sin Morales a bordo es imposible gobernar a Bolivia. En una referencia directa al líder indígena, Mesa reconoció el liderazgo de Morales y emitió este reto: “Es muy fácil bloquear a Bolivia,” dijo pero “venga usted a gobernar y verá usted lo que es la administración del Estado”.
En un bienvenido cambio, Washington pareció seguir los pasos de Mesa esta semana hasta cierto punto. Al mostrar una comprensión más matizada de la democracia boliviana, el Departamento de Estado convocó a todos los líderes políticos de Bolivia a que “trabajen juntos para alcanzar un consenso nacional”. Con esas palabras, Washington pareció reconocer que esfuerzos anteriores que sólo buscaban aislar a Morales, lo habían hecho más fuerte y que él tiene que ser parte de la solución.
Esto es lo que expertos en Bolivia han estado diciendo hace tiempo. Como lo ha expuesto Eduardo A. Gamarra, de Florida International University, la cuestión es si “queremos mantener a (Morales) dentro del sistema o ayudar a que (lo) tumbe”.
Hasta ahora, Morales no ha aceptado el reto persistente de Mesa ni la velada invitación de Washington a que actúe como un hombre de Estado. Mientras otros en el Congreso lanzaron su apoyo a Mesa esta semana, Morales parecía más aislado.
El líder indígena tiene buenas razones para sospechar sobre las intenciones de Washington particularmente debido a que fue la administración Bush la que hace apenas tres años amenazó con sanciones económicas contra Bolivia si Morales era elegido presidente. Pero hay razones para que Morales reconsidere su posición.
Seguidores de la política de Estados Unidos hacia el país andino creen que Washington ha disminuido su presión en cuanto a las metas de erradicación de cultivos ilícitos. En el último año, Washington ha empezado a trabajar con municipalidades bajo el control del MAS en proyectos de desarrollo alternativo para reemplazar los cultivos de coca y, cediendo a las demandas del MAS, está prestando apoyo al estudio del gobierno boliviano para determinar qué cantidad de hectáreas de coca pueden cultivarse legalmente en Bolivia para usos tradicionales.
Morales necesita decidir si su agenda llegará más lejos aceptando la invitación de Mesa o saliendo a las calles cuando lo considere necesario. Cualquiera que sea el camino que elija, lo más duro del trabajo para lograr un mayor desarrollo económico falta por hacerse en Bolivia y la nación más pobre de Suramérica espera su decisión.
