Álvaro J. Cruz [email protected]
Los ciclos de la historia nicaragüense son dramáticos, siempre se cometen los mismos errores y se repiten los mismos vicios. Los mismos pactos, los mismos dictadores, los mismos corruptos.
Lo más triste es cómo la sociedad nicaragüense termina aceptando esos ciclos y los repite irremediablemente. El último, el más evidente es la somocización del sandinismo en todos sus aspectos.
Como en tiempos de los Somoza, ahora no se mueve un dedo sin el permiso del “hombre”, Daniel Ortega. Su camarilla de hombres de confianza manipulan todo: la Asamblea Legislativa, la Contraloría, la Corte Suprema de Justicia, los jueces del último de los pueblos, etc. Sólo falta que los guardias salgan a la calle a golpear a los que no están de acuerdo con el nuevo Somoza. Pero eso no hace falta, ellos tienen turbas que se encargan de eso, ¿verdad Herty?
La somocización del sandinismo no sólo se refleja en lo político, también en lo económico y en lo judicial. Un inversionista extranjero en Nicaragua me dijo hace unas semanas que para cada negocio que ha hecho en el país, ha tenido que visitar a alguien en el reparto El Carmen y pedir su bendición para sus negocios.
¿Les recuerda en algo a Somoza? Y cada decisión judicial también recibe la bendición desde esa misma casa. Otro ejemplo de la somocización del sandinismo: la ofensiva contra los medios de comunicación que no le son afines. Las tres P de Somoza se repiten irremediablemente, plata para los amigos, palo para los indiferentes y plomo para los enemigos.
En el fondo, no sólo es el ciclo de corrupción, es la evocación máxima de la visión orwelliana de las pseudorevoluciones de izquierda: la rebelión en la granja.
En el fondo, los cerdos quieren estar en la mesa del patrón para maximizar sus vicios y también sus errores. Y esos errores acaban con los dictadores, como terminaron con Somoza y terminarán seguramente con los caudillos de hoy.
De cara a la inminente carrera electoral nicaragüense, debemos abrir los ojos y terminar de una vez con estos ciclos perniciosos de nuestra historia.
Periodista nicaragüense, residente en El Salvador