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Quitar para repartir
El diputado sandinista y segundo jefe del FSLN, Tomás Borge Martínez, justificó el haberse apoderado de valiosas propiedades urbanas y rurales, en los días posteriores a las elecciones y el cambio de gobierno de 1990, porque según él “lo hizo para beneficiar a los niños desgraciados” (LA PRENSA, jueves 17 de marzo del 2005).
La justificación de que se despoja a los que tienen para favorecer a los desposeídos es un argumento tan trillado como antiguo. Una de las leyendas más conocidas a ese respecto es la de Robin Hood, el mítico héroe medieval del País de Gales, Inglaterra, quien se dedicaba a robar a los ricos para repartir el fruto de su botín entre los pobres. Las andanzas de Robin Hood fueron tan populares que durante mucho tiempo se le consideró como héroe nacional de Gales, los galeses celebraban un día de fiesta en su honor y aún hoy muchos establecimientos comerciales en ese lugar llevan su nombre.
Mucho tiempo después, el cine inmortalizó la leyenda de Jesse James, un ex guerrillero sudista de la Guerra Civil estadounidense de 1861 a 1865 que al terminar la contienda se convirtió en famoso asaltante de bancos. A James se le consideraba como un “protector del pobre y del oprimido que robaba a los ricos y daba a los pobres, tenía la mano segura, la cabeza fría y el corazón de oro”, según decía una antigua canción popular del Oeste norteamericano.
Posteriormente los comunistas y demás revolucionarios que tomaron el poder en diversos países del mundo, aprovecharon las leyendas sobre los “bandidos generosos” para justificar las confiscaciones de la propiedad ajena y su propio enriquecimiento con los bienes de los demás. Ellos constituyeron lo que el escritor yugoslavo disidente del comunismo, Milovan Djilas, llamó “la nueva clase” (como la nueva oligarquía sandinista de Nicaragua), que se daban, y algunos se dan todavía, una vida lujosa, igual que los latifundistas y los grandes burgueses que habían combatido. Fidel Castro, por ejemplo, quien se precia de ser el mejor comunista del mundo, según la revista norteamericana Forbes —que es famosa por sus investigaciones sobre las fortunas de las personas más acaudaladas del mundo— ocupa el sexto lugar entre los reyes y gobernantes más ricos de la tierra, con una fortuna estimada en 550 millones de dólares.
Pero la conversión de los antiguos dirigentes comunistas y revolucionarios en poderosos latifundistas, capitalistas y oligarcas, no ocurrió sólo en Nicaragua mediante la famosa piñata sandinista que le costó al pueblo nicaragüense centenares de millones de dólares que todavía está pagando con la onerosa deuda pública interna. Lo mismo ocurrió en prácticamente todos los países ex comunistas. En el caso de la antigua Unión Soviética se les llama “barones rojos” a quienes al caer el comunismo surgieron como fabulosos millonarios. Al respecto la misma revista Forbes informó, el año pasado, que en todo el mundo Moscú es ahora la ciudad que tiene más multimillonarios, pues en ella viven 33 de los mayores del planeta, inclusive más que en Nueva York donde viven 31.
Pero volviendo al caso de los antiguos líderes comunistas y revolucionarios que llegaron pobres al poder y que ahora son millonarios, es necesario subrayar que la apropiación indebida de las propiedades y bienes ajenos es un delito jurídico y moral, independientemente de las razones con las que se le quiera justificar. En relación con esto, el laureado escritor brasileño Paulo Coelho cuenta en uno de sus relatos la historia del maestro que pidió a sus discípulos que fueran en busca de comida, pues andaban de viaje y estaban hambrientos. Al volver, cada uno de los discípulos traía lo poco que había conseguido gracias a la caridad: frutas podridas, pan duro, vino agrio. Pero uno de ellos traía una cesta de manzanas frescas y maduras. —¿Dónde has conseguido esto? —preguntó el maestro. Y el discípulo respondió: —Tuve que robarlas. Sólo querían darme alimentos pasados, aún sabiendo que predicamos la palabra de Dios. —Vete de aquí con tus manzanas y no vuelvas nunca más —dijo el maestro. —Aquel que hoy roba por mí, mañana terminará robándome a mí.
¿Acaso no fue esto lo que ocurrió al pueblo de Nicaragua, que comenzaron robando para él pero terminaron robándole?