LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

La Hermana Lucía de Fátima

Rafael Ibarguren

Roman, Times, serif»>
La Hermana Lucía de Fátima


Rafael Ibarguren




“Yo también iré al cielo?” indagó la niña. “Sí, irás”, fueron las suaves y esperanzadoras palabras dichas por la Santísima Virgen a la pequeña Lucía de Jesús dos Santos, que tenía entonces diez años de edad, en aquella luminosa mañana primaveral del 13 de mayo de 1917, cuando Lucía estaba con sus primos Jacinta y Francisco cuidando ovejas en tierras de su padre, en Cova de Iría. Era la primera aparición de la Virgen a aquellos niños.

Nacida el 22 de marzo de 1907, la venerada religiosa falleció el 13 de febrero, poco antes de cumplir 98 años. Partió para la casa del Padre después de meses de sufrimientos durante los cuales su salud física mostró señales crecientes de fragilidad. Sus primos, también videntes de Fátima, partieron para la eternidad cuando eran aún niños y fueron beatificados por el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo del 2000.

La Santísima Virgen se manifestó a los tres pequeños pastores en seis ocasiones, de mayo a octubre de 1917. Ella pidió oraciones y sacrificios, edificó espiritualmente a los pequeños videntes, anunció el fin de la Primera Guerra Mundial, predijo la muerte precoz de Jacinta y de Francisco, pidió la “comunión reparadora de los primeros sábados” (piadosa práctica enseñada con detalles en 1925), obtuvo la cura corporal de varios enfermos y animó a Lucía a cumplir su misión con estas palabras: “No desanimes. Nunca te abandonaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios”.

Como es habitual, la jerarquía católica se mantuvo cautelosa al apreciar los relatos de los pequeños videntes. Entretanto, en 1930 hizo pública una declaración diciendo que las apariciones eran dignas de crédito. A partir de entonces, el santuario de Fátima se tornó mundialmente conocido, las gracias se multiplicaron, la devoción al Inmaculado Corazón de María se intensificó, la recitación del Rosario se tornó habitual, la práctica de la comunión reparadora de los primeros sábados se expandió por el mundo. Incontables iglesias, capillas y oratorios fueron dedicados a la Virgen de Fátima, y su figura —bajo la forma de imágenes, estampas y medallas— se difundió por todo el orbe. El esperado “Tercer Secreto” tuvo su divulgación autorizada por el Papa Juan Pablo II, siendo él propio uno de los beneficiados por las gracias obtenidas por intercesión de la Virgen de Fátima al salvarse del atentado a balas del 13 de mayo de 1981.

Lucía entró en el colegio de las religiosas de Santa Dorotea (cerca de la ciudad de Porto) en 1921, de donde se mudó en 1928 para la ciudad de Tui, en España, donde vivió algunos años, habiendo tomado el hábito con el nombre de María Lucía de los Dolores. Retornando a Portugal en 1946, entró en el Carmelo de Santa Teresa (Coimbra), donde hizo su profesión como religiosa carmelita en 1949, cuando tomó el nombre de Hermana María Lucía de Jesús y del Corazón Inmaculado. Allí vivió hasta el fin de sus días en oración y contemplación.

Cerró por última vez sus ojos pocas horas antes de recibir la bendición del Sumo Pontífice, habiendo inclusive tomado conocimiento del mensaje que le fue transmitido por fax: Sabiendo el Papa de la fragilidad de la salud de la religiosa, le envió un mensaje de estímulo y de esperanza. He aquí un fragmento: “El Santo Padre, habiendo sabido de su enfermedad, ha dicho que pide a Dios para que la Hermana sepa vivir este momento de dolor, de sufrimiento y de oferta, con el espíritu de la Pascua, de paso, y que le daba su bendición”. Al momento de la muerte se encontraba en el recinto el Obispo de Coimbra, sus hermanas de hábito y también su médica y una enfermera. Portugal se conmovió y el Gobierno declaró un día de duelo nacional.

Los escritos y declaraciones de la Hermana Lucía fueron publicados y ampliamente divulgados, no sólo en volúmenes escritos por ella, mas también en obras de diversos autores y comentaristas, transmitiendo así el mensaje de Fátima al mundo entero, conforme el deseo de la Virgen María. Sor Lucía manifestó su última voluntad: ser sepultada como religiosa carmelita, en el Carmelo de Santa Teresa, en Coimbra, donde pasó la mayor parte de su vida.

En Roma, su compatriota, el cardenal José Saravia Martins, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, exteriorizó el dolor por la muerte de la Hermana Lucía, diciendo que “es una gran pérdida y una noticia muy triste, no sólo para mí, que la encontré varias veces durante en proceso de beatificación de Jacinta y de Francisco, mas también para la Iglesia portuguesa”. Agregó que “ella era una persona profundamente espiritual, concreta, inteligente, pero simple, sociable y durante toda su vida fue un testimonio y un medio de todo cuanto la Virgen pidió en las apariciones”. Subrayó que “Lucía miraba las cosas de la tierra a la luz de la fe y de los mensajes de Nuestra Señora”.

Bello modelo para todos nosotros, sus contemporáneos.

* El autor es diácono, miembro de la Asociación de Derecho Pontificio Heraldos del Evangelio

×