Leonidas Polanco Ríos
Después del triunfo de la Unión Nacional Opositora, UNO, que logró aglutinar a 14 partidos tanto de derecha como de izquierda, o sea desde ultra conservadores hasta comunistas ortodoxos, la población ha quedado a merced de los traficantes de la politiquería que no presentan verdaderas opciones o programas que en verdad tengan la finalidad de emprender el camino de la auténtica democracia, en donde el poder esté en manos de ciudadanos con vocación a servir y no de ser servido.
En los años noventa se pretendió sentar las bases, iniciadas en el 79, pero sólo doña Violeta aprendió la lección. Sin ser letrada, ni política, ni predestinada, se dio cuenta que la reelección es uno de los peores males que ha tenido nuestro país. Basta recordar a Roberto Sacasa, José Santos Zelaya, Emiliano Chamorro, Anastasio Somoza I y II, así como Daniel Ortega y Arnoldo Alemán. Todos han tenido el mismo destino: pretender sacrificarse por el pueblo. Pues bien, ya el pueblo debe de saber los resultados negativos que han significado tales sacrificios.
En las pasadas elecciones se pretendió formar una alianza desde las oficinas de la capital, no omitiendo que en algunos municipios logró calar un poco de entusiasmo: Cuapa, Santo Tomás, San José, Granada, entre otros. Pero no fue suficiente. La Alianza o el concepto de Alianza no llegó a la ciudadanía, y estoy seguro que al igual que la pasada UNO 96 será un rotundo fracaso, amén de las buenas intenciones de algunos de sus integrantes.
Lo que se requiere es un Frente Amplio Opositor. Frente, para unir al pueblo sediento de justicia, progreso y bienestar. Amplio, para que aglutine a todos los sectores del campo y la ciudad sin distingo de credo ni ideología o sea con la amplitud necesaria de alcanzar a todos los ciudadanos de este desventurado país opositor, a los caudillos, a las cúpulas, tanto nacionales, regionales, departamentales, municipales, a las cúpulas de valles, caseríos, comarcas.
Y en fin, Opositor a los autollamados “fuerzas democráticas” que no son más que simples miembros que junto a los de “izquierda” forman la nomenclatura corrupta de la política criolla.