LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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El Papa y el Cardenal

Marlon José Navarrete Espinoza Con pocas palabras pero muy propias y de modo muy personal deseo hacer un reconocimiento a dos grandes pastores de la Iglesia Católica. En primer lugar al Papa Juan Pablo II, quien siempre fue el Papa de mi juventud, ya que desde que era niño fue electo Sumo Pontífice pareciendo algo […]

Marlon José Navarrete Espinoza

Con pocas palabras pero muy propias y de modo muy personal deseo hacer un reconocimiento a dos grandes pastores de la Iglesia Católica.

En primer lugar al Papa Juan Pablo II, quien siempre fue el Papa de mi juventud, ya que desde que era niño fue electo Sumo Pontífice pareciendo algo tan lejano y a la vez tan cercano. Con Juan Pablo II de ejemplo me formé bajo su guía y mensaje espiritual en mis valores cristianos y católicos.

Ha sido formidable su coraje, al igual que su amor por la humanidad y por la Iglesia, pero más impresionante ha sido su cercanía con todos los pueblos y culturas llevando el evangelio y fortaleciendo la unidad de la Iglesia con un afán misionero comparado sólo a los apóstoles.

Del cardenal Obando debo decir que siempre ha sido mi Arzobispo, pues desde antes que yo naciera él ya ocupaba ese cargo. Nicaragua tuvo una gran bendición por llegar a tenerlo como Pastor y Cardenal, un suceso muy escaso y distante que le da orgullo a un país, por eso nuestro pueblo pierde mucho al perderlo como Arzobispo pues no habrá otro como él.

Su más destacada labor no ha sido solamente llevar la buena nueva a sus feligreses, sino ser mediador y conciliador digo de confianza en los numerosos conflictos que ensangrentaron y enlutaron a Nicaragua.

Si algo los define a ambos en común es que forjaron su temple bajo dictaduras muy represivas y tiranías sangrientas bajo ideologías fanáticas pero no doblegaron su espíritu ni se derrumbó su confianza en Dios y en la Santísima Virgen María.

Han tenido innumerables detractores y enemigos que nunca van a comprender el desempeño de su misión, pero eso es de esperarse ni tampoco se amedrentaron por las duras batallas morales que enfrentaron. Sus obras hablarán siempre por ellos y por lo tanto siempre serán recordados con cariño y agradecimiento. Ahora que parece que les decimos adiós, creo que lo mejor es decirles Hasta pronto o Hasta siempre y gracias.

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