El asesinato de Ribas Montes

Roberto Sánchez RamírezESPECIAL PARA LA PRENSArsanchez@managua.gob.ni Jorge Ribas Montes había estudiado en la Academia Politécnica de Guatemala. En Honduras su patria, ascendió antes de cumplir los 30 años al grado de coronel. Se rebeló contra el régimen del dictador Tiburcio Carías y se integró a la Legión del Caribe. En Costa Rica se hizo amigo […]

Roberto Sánchez RamírezESPECIAL PARA LA PRENSArsanchez@managua.gob.ni

Jorge Ribas Montes había estudiado en la Academia Politécnica de Guatemala. En Honduras su patria, ascendió antes de cumplir los 30 años al grado de coronel. Se rebeló contra el régimen del dictador Tiburcio Carías y se integró a la Legión del Caribe. En Costa Rica se hizo amigo de Pablo Leal Rodríguez.

Fracasado el complot del 4 de abril, es rodeado por una patrulla de la GN, comandada por el mayor Juan José Rodríguez Somoza, graduado también en la Academia Politécnica, este supone que en el grupo de complotistas está Ribas Montes y le pide que se rinda.

Fue sometido a un consejo de guerra y condenado a prisión en la famosa Casa de Piedra del Campo de Marte, junto con Luis Morales Palacios. Recién el ajusticiamiento de Somoza García, se ordenó el traslado de ambos prisioneros por orden del presidente Luis Somoza Debayle. Desde entonces desaparecieron.

Según testimonio de Agustín Torrez Lazo, en su libro La saga de los Somoza, estando el 31 de diciembre de 1957, en el Casino Militar, reunido con el mayor Arnoldo García y el coronel Carlos Silva, éste les hizo el siguiente relato:

“Tengo que contarles lo del cabrón de Ribas Montes. Como ustedes saben este hijueputa nos la debía desde abril del 54 cuando él y otros quisieron matar al general. Se pudo salvar entonces porque nos engañó a todos, haciéndonos creer que él tenía información para comprometer a Figueres. Al final no dijo nada y luego se hizo tarde para liquidarlo por todas las protestas y presiones que venían de afuera cuando matamos a los otros. Entonces el Consejo de Guerra lo condenó a un montón de años pero para nosotros estaba claro que tarde o temprano lo tendríamos que matar. Era sólo una cuestión de tiempo.

El 20 de octubre del 56 recibí las órdenes de arriba. Esa noche, como a las 2:00 de la madrugada me fui a buscarlo al Campo de Marte. Con tres guardias y él nos montamos en la camioneta y salimos para el lado de la quinta El Mango. A pocas cuadras me dice: Compadre, esto me huele a chamusquina. Y yo le digo, sí compadre, es chamusquina. Y no me lo van a creer pero el hijueputa se puso a tararear una canción hasta que llegamos a la quinta.

Me lo llevé entonces al cerrito, saqué la pistola y le pegué el tiro en la cabeza por detrás. El cabrón ni se movió, sólo pujó para afuera como si estuviese cagando. Le metí entonces el segundo tiro y el hombre no cae y me vuelve hacer lo mismo, pujar para afuera. No tuve más remedio que írmele de frente y ponerle el cañón en medio de los dos ojos que los tenía abiertos pero ya sin mirar un carajo. Allí sí, se desplomó como costal de papas, sin quejidos ni aspavientos. Pero bueno, hablemos de otras cosas, que estas pendejadas a veces me ponen la carne de gallina. Salud, pues.

Después del 19 de julio de 1979, Carlos Silva fue hecho prisionero, duró poco en prisión. El ingeniero Ernesto Leal solicitó se le investigara por considerar que estaba relacionado con el asesinato de su padre, Pablo Leal Rodríguez, no hubo ninguna investigación. Pocos años después falleció llevándose muchos secretos a la tumba entre ellos el paradero de los restos del General Augusto C. Sandino y de Rigoberto López Pérez.

FUENTE INFORMATIVA

Especial agradecimiento al Instituto de Historia de Nicaragua y Centro América de la UCA (IHNCA-UCA) por permitir el acceso a importantes documentos, inéditos y originales, relacionados con el complot de abril de 1954, algunos de carácter personal, como los de Adolfo Báez Bone.

La saga de los Somoza, Agustín Torrez Lazo. Memorias de un soldado (Nicaragua y la Guardia Nacional: 1928:1979), Francisco Boza Gutiérrez. Militares Centroamericanos, Guillermo Mendieta Chávez. 43 años de dictadura dinástica, Mario Alfaro Alvarado. Todos los autores mencionados fueron miembros de la Guardia Nacional. Cementerio San Pedro, la resurrección del recuerdo, Roberto Sánchez Ramírez. Matagalpa y sus gentes, Eddy Kühl Arauz.

ACADEMIA DE GEOGRAFÍA E HISTORIA DE NICARAGUA

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