Ma. Teresa Quezada R.
Para ningún católico y miembros de otras religiones, es inusual escuchar a millones y millones de creyentes y no creyentes tratar de expresar la inexplicable sensación que sintieron al ver a Su Santidad Juan Pablo II por televisión, y más aún los que lograron estar cerca de él. Unos dicen: “Sólo lo vi de lejos y sentí una paz”. “En cuanto lo vi empecé a llorar sin parar y sin saber la razón”. “Sentí una ternura irradiada en su rostro”, etc. etc., quien lea estas líneas se identificará con estas expresiones, ya sea que las escuchó en entrevistas vía canales internacionales, así como de un amigo o un pariente cercano, o, mejor aún, lo experimentó usted mismo.
Para quienes han sentido la presencia del Señor a través del Espíritu Santo, entenderán que es esa la sensación que experimentó cualquier persona que vio al Papá, sin duda alguna él estaba en comunión con el Espíritu Santo. Él mantenía una comunicación constante con el Espíritu de Dios en la Tierra y eso hacía la diferencia.
El mejor tributo que podemos rendirle a su bondad y su trabajo por la paz, es no olvidar sus enseñanzas y transmitirlas de generación en generación. No es sólo ir a una misa y pedir por él, lo más importante y por lo cual él entregó su vida al Señor es para mejorar la vida en la Tierra de todos nosotros sin distingo de religión, ni raza, ni edad.
Por lo que les pido no olviden las enseñanzas que reiteraba el Santo Padre: la importancia de mantener una comunicación constante entre los miembros de la familia, no aprobaba el divorcio, solicitó que no fuéramos indiferentes a la pobreza y a la desigualdad, llamó a los jóvenes a regresar a la Iglesia, condenó los abusos sexuales dentro de la Iglesia.
Recomendó con particular empeño la devoción del Rosario, como medio seguro para alcanzar la paz, y para resolver problemas tanto en el orden público como privado. “Pienso en todos vosotros, hermanos y hermanas de cualquier condición en vosotros familias cristianas, en vosotros enfermos y ancianos, en vosotros jóvenes: retomad confiadamente en las manos el Rosario. ¡Que mi llamado no quede ignorado!” “No tengan miedo de abrir su corazón a Cristo”.
* Licenciada en Administración de Empresas