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El Papa y la revolución mediática

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El Papa y la revolución mediática





En horas de la madrugada de ayer, tiempo de Nicaragua, fue sepultado el cuerpo de Su Santidad Juan Pablo II, a quien una multitud de católicos y personas de otras creencias religiosas y procedentes de numerosos países, le dieron el último adiós en Ciudad del Vaticano mientras que centenares de millones en todas partes del mundo pudieron seguir en vivo lo que aconteció durante ese histórico y sagrado sepelio.

En realidad, la muerte y el funeral del Santo Padre Juan Pablo II han sido el fenómeno mediático más importante de todos los tiempos, gracias a la revolución informativa en curso que permite ver y oír lo que acontece en cualquier parte del mundo, en el mismo momento que está ocurriendo.

Hace 27 años, cuando murieron y fueron sepultados los papas Paulo Sexto y Juan Pablo I, en Nicaragua sólo habían tres canales de televisión y no existía la televisión por cable. Las imágenes de aquellos funerales papales sólo se pudieron ver en diferido, o sea posteriormente. Pero ayer la televisión nicaragüense transmitió todo lo acontecido en el funeral de Juan Pablo II, y numerosas cadenas y estaciones de TV por cable hicieron lo mismo, de manera que inclusive a pesar de la hora inusual, poco después de la medianoche, muchísimos nicaragüenses pudieron participar mediáticamente en las exequias del Santo Padre.

Algunas personas, en Nicaragua y en otros países, han criticado este fenómeno de la “mediatización” de la muerte del Papa Juan Pablo II, o sea de haberle dado a su gravedad, muerte y funeral un gran despliegue informativo. Y en particular fue criticada la difusión de las últimas imágenes de Juan Pablo II en vida, que se vieron en todo el mundo, cuando el carismático Sumo Pontífice Romano mostraba en su rostro el sufrimiento que estaba soportando como consecuencia del grave deterioro de su salud.

Pero la verdad es que no hubo nada de malo en eso. Al contrario, ha sido bueno y necesario que tantos millones de personas en el mundo tuvieran la posibilidad de acompañar al Papa Juan Pablo II, aunque fuese indirectamente, en los últimos momentos de su vida y durante su funeral. Además, en la época actual caracterizada por el predominio de la información, es lógico que un acontecimiento de tanta trascendencia histórica universal, como la agonía y muerte del Papa, captara la atención de los medios de comunicación inclusive en países que no son católicos.

Ciertamente, como dijera el periódico alemán Westfälische Nachrichten, de la ciudad de Münster: “Nunca antes en la historia la muerte de un Papa había tenido tanto eco en los medios de comunicación… Juan Pablo II fue un Papa mediático. En la era de los medios de comunicación, las honras fúnebres deparan a Roma una enorme avalancha de peregrinos y gigantescas cuotas de sintonía a las estaciones de televisión…”

Pero no sólo por razones mediáticas la muerte y el funeral de Juan Pablo II han tenido tanta importancia y despliegue informativo. Este fenómeno tiene también una profunda significación espiritual, pues, como escribió el ensayista francés de reconocida tendencia liberal, Guy Sorman: “El último mensaje de Juan Pablo II fue el más grande, el más universal. Me refiero a su agonía y su muerte. Algunos le reprocharon el haber muerto en directo, delante de los medios. Pero él murió por nosotros, por toda la humanidad, que fue su verdadera familia. Él le dijo a esa familia: ¨No teman el sufrimiento y la muerte porque son parte integral de la experiencia humana. Ser hombre es también morir, algo que en los tiempos modernos uno se empeña en hacer olvidar. No mueran más en soledad, sino entre los suyos que, a su vez, también morirán¨. Este mensaje, radicalmente contrario a la mentalidad actual, traspasará todas las indiferencias. La muerte del Papa es una lección de vida”.

Finalmente hay que señalar que esta revolución mediática que permitió a Juan Pablo II morir de manera universal, como es su Iglesia —pues católica significa precisamente universal —, es genuinamente democrática no sólo porque difunde en tiempo real todo lo que ocurre y es de interés público, sino también porque su oferta es tan amplia y diversa que permite a cada quien mirar lo que quiera, y nadie está obligado a ver lo que no le gusta.

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