Ernesto J. Marín*
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El Papa gigante
Ernesto J. Marín*
Polaco, originario de Cracovia, hijo de obreros, escritor, poeta, actor, pescador de la barca de Cristo, Apóstol del siglo XX, alpinista, sacerdote, obispo de Roma y Cardenal de la Iglesia, Pontífice Máximo, Su Santidad Juan Pablo II.
Pocos atributos espirituales e intelectuales han convergido en una sola persona, la de Karol Wojtyla, un ser extraordinario, el hombre que despertó después de un largo sopor a la Iglesia Católica Romana.
Este soñado empedernido, especialmente iluminado por el Espíritu Santo, ha puesto de pie el largo descanso de un gigante, un cristianismo rampante hoy seguido por la casi totalidad del planeta. Embriagado por los gritos y cantos de la juventud y el recogimiento y la admiración de todos los cristianos de diferentes denominaciones. Un ecumenismo sin prisa y sin pausa de todos los seguidores de los Concilios Vaticanos del antiguo Patriarca de Venecia, Juan XXIII.
El Pontífice, Vicario de Cristo, no descansó en los últimos 26 años, tocando las puertas de las sinagogas, mezquitas, ortodoxos y evangélicos para reunir las buenas voluntades de quienes no se han olvidado del nombre de Jesucristo, ecumenista convencido, así como fiel y respetuoso seguidor de la tradición logrando convertir los 2,000 años de la Iglesia en un arrollador y apabullante best seller del siglo XX y principios del XXI. El Papa, Pedro Apóstol príncipes de los apóstoles, 21 mártires y 85 santos, todos hombres escogidos del Señor, todos los 262 han pasado por San Pedro, Juan Pablo el grande ha sido el último.
142 viajes, 2 visitas a Nicaragua, 400 veces en territorio italiano, 9 veces en su añorada Polonia, han sido el largo andar de este indescriptible e incansable peregrino visitante de todos los continentes, abanderado de la paz y del entendimiento de los creyentes, tamaño labor de este megahombre cuya principal arma fue el amor para todos los hombres, mujeres y niños que estrujó cerca de su blanco corazón.
Este gigante que movía conciencias apenas separaba los labios fue auténtico enviado del Señor a este infierno de maldades, que logró redimir con sólo presentar una vida tan ejemplar, humildad y amor a todos sus semejantes. A los 21 años se quedó solo en este mundo, su madre falleció cuando tenía 8 años, después siguieron su padre y el hermano mayor, es cuando todos sus pensamientos y energías los dedicó a la Santa Madre Iglesia a quien se entregó hasta el final de su existencia. No existe en toda la historia de 20 siglos de la Iglesia otro ejemplo del sublime poder de convocatoria que irradiaba de nuestro Juan Pablo. Cinco millones de todo el orbe están en camino a Roma, sólo de su natal Polonia llegarán 2 millones, 200 Jefes de Estado estarán en el Vaticano, número mayor de los representados en las Naciones Unidas.
En las estructuras milenarias de la historia del Vaticano no existen evidencias que en este pequeño Estado de sólo 42 manzanas de extensión se haya congregado la inmensidad de este mar de gente de todos los rincones de la tierra. La Alcaldía de Roma y el Gobierno de Italia tienen el enorme problema de donde alojar a esta incontenible multitud, jamás vista antes en la geografía de un país.
Sólo nos queda leer en los periódicos y observar en la televisión el fervor, la simpatía y el respeto de todos los que ahora están en la Plaza de San Pedro, cuyo centro es el admirable obelisco egipcio, todos cobijados en el eterno abrazo cristiano de la Columnata de Bernini, levantar los ojos y observar las gradas de la Basílica franqueada por los guardias suizos, caminar y llegar al sitio donde yacen los restos de este santo varón, regalo impagable del Señor de todos los cielos.
* El autor es diplomático