- Más de 80 menores sobreviven por la gracia divina en este centro de niños desamparados, de El Crucero
Anne Pérez Rivera
Todos los días debe levantarse a las 5:00 de la mañana, practicar su aseo personal, ayudar en algunos quehaceres, desayunar, para luego tomar un bus que la lleve de Las Nubes (El Crucero) a Managua.
Esa es la rutina de Martha, una joven de 18 años que ya tiene una década de vivir en el Hogar Siervas del Divino Rostro, ubicado en esa zona.
Fue en ese hogar, donde ahora viven 80 niños y niñas cuidados por 20 religiosas, que Martha recibió su educación primaria, además de talleres de mecanografía, computación, corte y confección. Actualmente estudia Mecánica Industrial en el Centro de Capacitación Nicaragüense Alemán (Cecna). Su próxima meta es estudiar en la universidad, desde ya “las hermanas me dijeron que quieren que estudiemos en la mejor universidad”, dice emocionada.
Francisca Lidia, tiene un año y cuatro meses de vivir en el hogar. Para ella lo más importante es superarse, porque “en mi casa no tenía facilidad para estudiar, y entonces me mandaron para acá”, dice mientras parece recordar el paisaje de Río San Juan, de donde es originaria.
MUCHAS NECESIDADES
Sin embargo, “las necesidades son muchas, y los fondos muy pocos”, dice Sor Cinthya Argüello, profesora y encargada del área de medicina en el hogar.
El techo necesita reparaciones, los vehículos están en mal estado, la finca que proveía de alimentos a los niños ya no produce nada, el pago del gas butano a veces suma más de ocho mil córdobas, y la poca ropa para los niños, son sólo algunas de las necesidades en este centro, el que subsiste gracias a donaciones de particulares.
El centro tiene diferentes módulos, divididos de acuerdo a la edad de los menores, sin embargo hace falta acondicionar la guardería para los bebés que viven en ese centro.
