Gustavo Vindell Acuña
En un reciente artículo publicado por el decano Guillermo Rothschuh se destaca el surgimiento de pequeñas emisoras en las regiones del país con apenas 100 watt de potencia, lo que a su juicio indica la fragmentación de los oyentes y la recomposición que actualmente tiene la radiodifusión nacional.
Todo eso es cierto, pero quizás lo que hace falta en la exposición de Rothschuh fue ahondar en el papel que juegan estos medios de comunicación en cada ciudad o cabecera departamental.
Por esta razón me atrevo a comentar que más que la fragmentación de los oyentes es un fenómeno comunicativo que expresa el localismo que aún prevalece en nuestro país, contrario a los que quieren agarrarse de la famosa globalización para hacer desaparecer a las pequeñas emisoras, las que en su mayoría sobreviven de las pocas pautas publicitarias que pueda dar el comercio local.
Pero la importancia de estos medios va más allá de la simple complacencia musical. En estas “raditos”, como le llaman algunos, se prestan servicios muy importantes a la población, con programas noticiosos, saludos, avisos, mensajes técnicos, religiosos, etc., que reflejan la vida cotidiana de los pueblos y que por tanto el oyente pueblerino se siente más identificado con el locutor, que es su vecino, a tener que soportar —algunas veces— a gente de radio de la capital que tienen su propio entorno de vida, muy diferente a la de un campesino de Estelí, por ejemplo.
En esto radica la verdadera importancia y el surgimiento de estas radios, que cada día logran más espacio en su comunidad, precisamente porque quienes las conducen conviven diariamente con sus oyentes y éstos los premian con su audiencia, contrario a los que piensan que poniendo una repetidora de Managua en una cabecera departamental los van a escuchar más. Esto sólo sirve para engañar a los eventuales anunciantes que pautan en las emisoras capitalinas creyendo que porque éstas cuentan con repetidoras en determinada cabecera departamental la están escuchando más.
Quienes laboramos para estas radios comunitarias observamos además una aparente preferencia de la institución que otorga las frecuencias radioeléctricas (Telcor en este caso) a privilegiar precisamente el otorgamiento de permisos a las emisoras capitalinas, que a las pequeñas radios que sí cuentan con la preferencia del público por las razones que ya exponía.
Ojalá que quienes tienen en sus manos esta situación vuelvan sus ojos a las emisoras comunitarias, porque en definitiva son estas emisoras las que están de cerca con el pueblo, ayudando a solucionar sus problemas, a mediar entre el público y las autoridades para la consecución de objetivos sociales.
Cada región tiene su propia idiosincrasia, sus propios problemas y aspiraciones y hacia ellas apostamos quienes en cada departamento ejercemos una labor de comunicación que juntándolas todas estoy seguro harán de nuestro país una Patria mejor, digna, en progreso y paz social. No nos preocupemos entonces por la fragmentación de los oyentes, juntemos estos “vigores dispersos” en beneficio de todos.
El autor es periodista y director de Radio Liberación de Estelí.