- En Nueva Segovia se han formado 27 grupos de autoayuda
Alina Lorío L.CORRESPONSAL / OCOTAL
Valemos mucho y somos importantes para la comunidad, rompamos el silencio, es el lema que decenas de mujeres de los municipios de Macuelizo, Santa María y Ocotal han optado para denunciar el maltrato a que son sometidas ellas y sus hijos.
En el año 2004 la Fundación para el Desarrollo de las Mujeres y la Niñez (Fundemuni) intervino legal, social y sicológicamente en el caso de mil 466 mujeres, la mayoría de Ocotal, que denunciaron haber sido violentadas por sus maridos o vecinos, y demandaron ayuda de expertas.
El 20 por ciento de los casos concluyó satisfactoriamente su proceso, pero 41 casos pasaron a juicio y la mayoría de los victimarios fue declarada inocente, reveló Yovira Merlo, subdirectora administrativa de esta ONG.
Paralelamente funcionan en las comunidades de Macuelizo, Santa María y Ocotal, 25 grupos de autoayuda, que son atendidos por un equipo conformado por una sicóloga, una abogada y una trabajadora social de Fundemuni.
En las comunidades, los grupos de autoayuda se reúnen con una promotora del mismo lugar, a quien consideran una confidente y que está capacitada para orientarlas a superar sicológica y legalmente el problema de violencia en el seno familiar.
Las mujeres afectadas por la violencia llegan a identificarse tanto entre sí que incluso se reúnen debajo de los árboles para escucharse sus testimonios, avances y compartir sus experiencias.
Añadió que la mayoría de los casos denunciados por mujeres son por demanda de pensión alimenticia, seguido de la violencia física, sexual, psicológica y en menor escala violencia patrimonial. Esta última se refiere a los casos de mujeres que reclaman derechos sobre propiedades y herencias.
Fundemuni trabaja en conjunto con la Cooperación Española a través de Ayuda en Acción, además de la vinculación con la Comisaría de la Mujer, Ministerio de la Familia y la Fiscalía de Nueva Segovia.
UN TESTIMONIO ESCALOFRIANTE
Una madre soltera con tres niños, residente en uno de los barrios periféricos de Ocotal, no soportó al relatar por enésima vez lo que sus ojos vieron un día por la tarde hace aproximadamente seis meses.
Leyla (nombre ficticio) regresaba de la calle donde pasaba buscando todo el día el pan para sus hijos, confiando en que una muchacha los cuidaría en su ausencia, cuando vio que “un vecino le daba de comer a mi niña sus heces. ¿Saben qué eso es verdad? Me dio furia y me le tiré encima con un cuchillo, a matar”, dijo sin poder contener su llanto.
Se refería a su hija menor de cuatro años e identifica al vecino como un hombre de unos 20 años, a quien denunció ante la Comisaría para luego ser remitida a Fundemuni para que fuese atendida tanto ella como la niña por la sicóloga y la abogada quienes llevaron el caso hasta el final.
Su caso permitió la apertura de un proceso por la vía judicial, pero a pesar de las pruebas del forense de que la niña además sufría abuso sexual, otros vecinos y familiares más bien la amenazaron a ella con correrla del barrio si el hombre era declarado culpable.
JURADO DECLARÓ INOCENTE A ABUSADOR
Tiempo después el Jurado de Conciencia lo declaró inocente “porque no tenía más testigos que la niña, mi otro niño de ocho años y yo”, comentó Leyla casi resignada a aceptar esa triste realidad.
Sin embargo cree que su pequeña jamás olvidará lo ocurrido y aunque ahora le teme menos, la niña tiembla cada vez que mira a su agresor, que por desgracia vive frente a su casa.
Leyla llora cada vez que recuerda que fue más bien discriminada por los vecinos que le reprocharon que dejara solos a sus hijos. Encima de ello cargaba un trauma debido a que su ex marido la maltrataba física y sicológicamente hasta que decidió abandonarlo.
SOBREVIVIENTES
María Auxiliadora Picado, sicóloga de Fundemuni, dijo que como éste existen otros muchos casos de mujeres que buscan cómo denunciar maltratos y demandar ayuda para superarlos o al menos “convivir con las huellas que la violencia deja en un ser humano”.
Consideró que en el caso de Leyla existían pruebas suficientes para declarar al acusado culpable, pero que “faltó sensibilización en los miembros del Jurado de Conciencia y es una limitante que siempre vamos a enfrentar”.
Valoró que la niña ha logrado superar con sesiones semanales de terapias el trauma porque logra comunicarse más con sus amiguitos, ha elevado su rendimiento académico en el preescolar y el terror que le tenía a su agresor es cada vez menor, mientras que con la mamá el proceso ha sido más lento “porque son recuerdos que no se quitan de la noche a la mañana”.
