Migdonio Blandón B.
En reciente artículo publicado en LA PRENSA, del abogado Gustavo Antonio López A., titulado “DR-Cafta y Justicia”, reconoce sus beneficios en materia comercial pero advierte a la Asamblea Nacional el peligro de su aprobación sin el previo estudio a la normativa, pues al surgir conflictos se estaría entregando la administración de justicia al Centro Internacional de Solución de Disputas, adscrito a la ONU.
Con razones y ejemplos enfatiza que al aceptarse dichos puntos se daría prioridad a la justicia internacional, representada por el referido Centro, y que podrían ocultarse peligros que afectarían la economía nacional. Aunque parece contradictorio que cuando se va de buena fe a un tratado de libre comercio que ha sido ampliamente discutido, con el fin de obtenerse mutuos beneficios, se trate de retrasarlo exagerando supuestos peligros.
El inversionista, por lo general cuando va de buena fe y mediante previo estudio de las condiciones se decide a invertir en otro país, trata de asegurar su inversión de la mejor manera, adecuándose a circunstancias y normas ya establecidas, sin que por ello renuncie a los derechos internacionales que están obligados a cumplirse por la generalidad de los países integrados a Naciones Unidas.
Así, cualquier inversionista nacional o extranjero que quiere dedicarse legalmente a la actividad que ha escogido, es para obtener beneficios. Por lo que al tiempo que realiza la inversión trata de proveerse de lo necesario para efectuarla, siendo imprescindible el elemento humano adecuado para activarla, porque sin ello es punto menos que imposible ser eficiente salvo en la mínima excepción de valores intrínsecos, artísticos o literarios.
Pero volviendo a los supuestos peligros, parece que a pesar de los ejemplos no hay ninguna razón válida para abrigar temores, si se actúa siempre dentro del marco de la honestidad y la verdadera justicia, siempre que ésta no sea adulterada y tergiversada, como desafortunadamente se ha visto en irredentos sectores cuando éstos, adulterando el sentido auténtico de la política, degenerando en vergonzosa politiquería, desvirtúan la seguridad.
Aunque en la actualidad se haya perdido en gran parte el sentido de auténticos valores morales y cívicos, que de hecho en sectores determinados falsean la justicia, dichos valores, cuando son genuinos también de hecho son inalterables. Por lo que si se actúa en esta dimensión y con verdadera transparencia no hay motivo alguno para tener miedo a imaginarios peligros, ya que éstos solamente suelen ocultarse donde falta la claridad.
En resumen, creo no equivocarme al decir que un tratado de libre comercio como el DR-Cafta, con el amplio estudio que de él se ha hecho, traería y llevaría múltiples beneficios. De manera especial a nuestro vasto país, que, aunque nos cueste tecnificarnos y aprender a producir con eficiencia, no sería pagar caro el aprendizaje, siendo que proliferándose las inversiones y con mano de obra tecnificada, la producción tendría un gran mercado abierto.
Lo que se ha de hacer tarde, que se haga temprano. Vale la pena prepararse y disponerse a sacarle provecho a la riqueza potencial de este bello y envidiable país, que por errática politiquería apenas gatea cuando ya debería correr. Dios que nos ha permitido nacer en este emporio de riqueza natural, que por razones ultra conocidas no hemos sabido aprovechar para salir del subdesarrollo, librándonos de infundados temores, nos dé el coraje que al ser aprobado dicho tratado y produciendo más y mejor, lograr con su ayuda erradicar la miseria integral que quiere invadirnos cerrando las puertas al progreso.
El autor es empresario.