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Artemisa

Luis Sánchez Sancho

Me preguntó el ingeniero Bayardo Cuadra por qué no he escrito nada sobre Artemisa, a pesar de que es una de las principales divinidades de la antigua Grecia, a la que se erigió uno de los más famosos templos de la antigüedad que inclusive fue considerado como una de las siete maravillas del mundo.

En realidad a fines del año pasado escribí sobre Diana, como llamaban los romanos a Artemisa. Pero tiene razón el ingeniero Cuadra al decirme que entre Diana y Artemisa había muchas diferencias.

Artemisa era hija de Zeus y Leto, a quien la furiosa Hera, esposa de aquél, le provocó terribles dolores de parto y la persiguió por toda la Tierra para que no pudiera parir en ninguna parte. Hasta que Zeus hizo que los habitantes de Delos se compadecieran de ella y le permitieran parir en una cueva.

El parto de Leto fue doble. Primero nació Artemisa, ya completamente formada, quien asistió a su madre en el nacimiento de Apolo, su hermano gemelo. Y fue tanta la impresión de Artemisa por los dolores de parto que sufrió su madre, que juró conservarse virgen para siempre a fin de no tener jamás que sufrir de esa manera.

Artemisa, como Diana para los romanos, era diosa de la caza y vivía en los bosques, entre los animales a los que amaba sobre todas las cosas. Ella presidía los cambios en la vida de las mujeres, o sea su conversión en púberes, en hembras fértiles, madres y finalmente ancianas. Como era hermana de Apolo, el dios del Sol, Artemisa era diosa de la Luna y determinaba las mareas de los mares y la menstruación de las mujeres.

En la guerra de Troya, Artemisa apoyó a los troyanos y exigió a los griegos el sacrificio de Ifigenia, la menor de las hijas de Agamenón y Clitemnestra, a fin de que el gran rey de Micenas y de todos los pueblos helénicos le cumpliera una promesa que le hiciera quince años atrás.

Para cumplir su juramento de virginidad eterna Artemisa no se enamoraba de nadie, aunque muchos se prendaban de ella porque era bella entre las bellas del Cielo y la Tierra. Además, las acompañantes de Artemisa también debían conservarse vírgenes. Pero Zeus se enamoró de Calisto, una de las bellísimas ninfas que servían a Artemisa, y de ese amor consumado a escondidas de la diosa virgen nació el pequeño Arcadio. Cuando Artemisa se dio cuenta de la falta de Calisto, la mató junto a su hijo Arcadio (según otra versión fue la celosa Hera quien habría matado a madre e hijo). Entonces Zeus los convirtió en osa y osezno y los colocó en el firmamento, donde hasta ahora se les puede ver con los nombres de Osa Mayor y Osa Menor.

El templo principal de Artemisa fue construido en Efeso (la misma ciudad de la actual Turquía donde murió y fue sepultada la Virgen María). Tardó dos siglos la construcción del majestuoso templo que medía 400 pies de largo por 200 de ancho. En el patio interior habían 127 columnas de 60 pies de altura cada una y la estatua de Artemisa era de oro puro.

Un ignaro pastor llamado Eróstrato, para hacerse famoso incendió el templo de Artemisa en el año 356 antes de Cristo, durante la misma noche cuando nació Alejandro el Grande. Los efesios reconstruyeron el templo con igual magnificencia, pero Nerón lo saqueó en el siglo I antes de nuestra era y los escitas lo destruyeron definitivamente en el año 260 después de Jesucristo.

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