LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
días

desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Declive del Estado no es el fin del Derecho

Álvaro Taboada T.

Me parece que en una ocasión previa expresé que si se esbozaran con largas pinceladas los grandes tipos de comunidades políticas que ha habido en Occidente, aquéllas se reducirían a cuatro: la polis griega; el gran imperio multiétnico (encarnado por Roma); la comunidad universal medieval (más bien un ideal cristiano y cultural que una realidad política), y el Estado nacional o moderno. Este último está hoy en declive (o al menos está transformándose dentro del proceso de mundialización económica, científica, tecnológica, política y cultural). Ante esta realidad algunos afirman que si el Estado muere por “la globalización neoliberal” acabarán el Derecho y la búsqueda del bien común como fin supremo de la comunidad política. Pero… ¿cuán cierta es tal afirmación?

La mundialización o globalización es a menudo sobre simplificada como puro producto “del dios-mercado”, cuando en verdad es un proceso multidimensional en desarrollo, y que hasta hoy va muy por delante de las elucubraciones teóricas que han intentado explicarlo, frecuentemente con distorsiones ideológicas. Con esto la experiencia reitera que las realidades usualmente preceden a las explicaciones que sobre aquéllas se intentan. Si se explora con rigor al proceso de mundialización, habrá que aceptar que su naturaleza dinámica dificulta, por hoy, los juicios definitivos sobre aquél. Por eso conviene tomar las lecciones que vienen desde la antigüedad. Recuérdese que la polis ateniense ya poseía su perfil esencial tras las reformas de Pisístrato y de Clístenes, es decir mucho antes de las elaboraciones teóricas de Platón y Aristóteles. Igualmente, el Estado moderno se inició como un fenómeno económico, político, militar, cultural y científico, antes de que Bodin hablara de la soberanía, y antes de que (desde perspectivas distintas) Hobbes o Rousseau o Locke, intentaran explicar los fundamentos y la finalidad del Estado.

Ahora bien: El rol del Estado-nación tradicional está sufriendo ahora cambios sin precedentes debidos al proceso de globalización y si bien es cierto es que el Estado es todavía el actor principal en el sistema internacional, ya no es el único actor en juego. Cercado por una red de instituciones y procesos, y dentro del desarrollo exponencial del comercio y las comunicaciones, el Estado ya no puede enfrentar por sí los retos migratorios, ecológicos, económicos, ni siquiera los de seguridad nacional, el último reducto que un Estado puede o debe ceder. Ante este panorama, algunas perspectivas ideologizadas y apocalípticas leen al declive (o al cambio) del Estado como el fin del Derecho y con ello el total desamparo de los pueblos. Es la dramática visión de tantos post-modernistas. Pero en verdad, la globalización está desarrollando una tupida red de normas, agrupaciones e instituciones internacionales y de ellas está surgiendo una nueva realidad legal, económica y cultural supraestatal y supranacional.

Los antiglobalizadores omiten indicar que la globalización ha producido redes de solidaridad mundial y de diseminación de transformaciones modernizadoras. Con éstas hasta las más remotas comunidades gozan (al menos en parte) de los avances científicos. A pesar de su expansión demográfica, el Tercer Mundo tiene un creciente promedio de vida. Cierto es que la globalización no es una panacea. Implica competencia. No garantiza la igualdad (que nunca ha existido). La mundialización produce oportunidades y retos. Ganadores y perdedores, aunque supone que habrá más de los primeros que de los segundos. Pero este proceso no es per se el factor determinante de las ventajas o desventajas de muchos Estados. Los factores endógenos son claves y los antiglobalizadores los omiten, minimizan o distorsionan.

Por ejemplo, en Nicaragua, el proceso de mundialización nada tuvo que ver con la ética deformadora que practicó la revolución sandinista, ni con su desastrosa gestión económico-social, ni con el turbio sistema educativo superior que hasta hoy controla el sandinismo, el que hizo a Nicaragua paupérrima y hasta hoy escasamente competitiva. En diversos grados lo mismo le ha ocurrido a casi todos los países ex comunistas. Están arrancando con gran retraso.

La mundialización y el cambio (o quizás el declive) del Estado están apenas en una de sus etapas. Sus metas y resultados son un enigma escurridizo. El proceso requiere análisis serio y multidisciplinario, y son prematuros los intentos de crear una gran teoría sobre la globalización. Por eso los enfoques ideologizados, simples y advocatorios (en pro o en contra) tienen escaso valor heurístico.

Por lo visto, es tan erróneo atribuir a la globalización simplistamente un carácter puramente económico-mercadológico, como ver en el Estado actual la última forma de búsqueda del bien común. (Quienes más fallaron en esto fueron, precisamente, los Estados totalitarios y los más interventores). Sin duda, el Estado continúa siendo un actor clave en el mundo de hoy. Pero hay que recordar que el mismo, en acelerada mutación, es (en un contexto multisecular) sólo una gran etapa en la perenne jornada del hombre tras mejores horizontes.

El autor es Ph.D. en Estudios Internacionales. Catedrático de Ave Maria College.

×