LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

Hoy se cumplen

14
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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

con las instalaciones tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann detenido.

Recordando a don Alejandro Bolaños

Enrique Alvarado Abaunza

“Las bibliotecas poseen el defecto de no atraer el interés del necesitado”
(Dr. Andrés Vega Bolaños )

De corta edad, acompañaba a mi madre Lila en sus visitas a familiares, en particular a tía Chepita (viuda de Geyer), hermana de mi abuelo don Carlos Abaunza Cuadra. A ese hogar provinciano, cercano al Parque Central de Masaya, llegaban los nietos, tres cheles: Alejandro y Enrique se destacaban por ser buenos estudiantes y futbolistas, igual deporte de Mingo, y el moreno, Nicolás, al beisbol. Como ellos, los primos Velásquez Geyer: Chale, Enrique, Jorge y Chuyo, el basquetbolista y los González Geyer, Alejandro, César y María Haydée. Alejandro y Enrique parten a continuar estudios superiores a EE.UU. y antes de terminar la II Guerra Mundial Alejandro estudia de manera responsable e intensa, graduándose de médico en tiempo récord. Nicolás partiría después.

Estando yo en México, estudiando medicina; volví a saber de él. Su fama trascendía como internista: “Tomó e interpretó en Masaya, el primer Electrocardiograma” (Dr. Francisco Lacayo M.). Supe de sus múltiples lauros cosechados, con exactitud en el diagnóstico y atinada terapéutica. Cofundó en los cincuenta la primera policlínica: La Policlínica Nicaragüense cerca de la Iglesia de San Antonio, Managua. Ejerció por 20 años y a causa del terremoto del 72, regresa a EE.UU., cambiando de excelente médico a investigador histórico destacado. Asiste como ratón de biblioteca, indagando, buscando, descubriendo la raigambre, con riqueza de documentos (reunió la mayor colección en el mundo sobre esa materia, con más de un millar de carpetas, 300 microfilmes y numerosos libros), habla con fidedignidad y desnuda por primera y única vez, sobre la invasión tosca y jayana que “William Walker, pretendiendo imponernos con su falange de filibusteros, desventuras todas que acaecieron, en gran parte, por encontrarnos divididos y exhaustos a consecuencias de las luchas fratricidas”. Los “outlaw” se aprovecharon, trayendo cuadrillas de delincuentes, apoderándose del país, a pesar de la resistencia de los patriotas.

Recopilados los valiosos datos dispersos por varios estados, comienza el ordenamiento cronológico y entrega al editor Mario Cajina Vega (el mismo que me recomendó para hacer igual con los datos reunidos sobre mi padre, doctor Humberto Alvarado Vásquez y editar su Biografía, obediente cumplí), esto ocurre después de publicar el libro sobre Clinton Rollins, en 1976.

En ese ínterin, Mario me invitaba a acompañarlo a ciertas visitas en su casa, cerca de El Raizón. Lo encontrábamos embrocado, absorto, concentrado y apasionado encima del escritorio. Por ello, tuve alguna relación con él. Siempre con sus ojos verdosos vivaces, buscones, ágiles e inquietos, con mirada profunda, escrutadora y con carácter jovial, chilero.

Recuerdo el relato del poeta Julio Valle Castillo, al encontrarnos en una biblioteca, cuando yo revisaba periódicos antiguos. Me contó sobre la causa de la muerte de Ernesto Mejía Sánchez, en México, averiguado durante su estadía en ésa. Sobre la aspiración de polvos finos de los papeles, enmohecidos y envejecidos, en retribución a la virtud del lector o escritor, con afectación importante alérgica, pulmonar o sanguínea. ¿Cuánto de ello afectó a Alejandro? ¿Tendría el mismo origen? Una vez lo visité en su casa y lo encontré cansado, por la anemia, con menos suministro de O2. Es el síntoma principal, pero en un hombre sano y fuerte toda su vida anterior, me causó rareza.

Durante sus exequias, fue muy emotivo el testimonio de su hijo Alejandro, dispuesto a reunirse en espíritu con su querido Padre en fe, por lo expresado en su homilía monseñor. Federico Argüello. “El que cree en Mí, vivirá para siempre”, como compañero de aulas, igual que el doctor Lacayo M., dijeron que Alejandro fue un cristiano auténtico. José Velásquez leyó una carta amorosa de la hija de Mario y Gilma Buitrago. Antes de la bendición su hermano Enrique, muy impresionado por su dolorosa pérdida: “La compasión, principal, característica que te definía; investigador perseverante para dar con certeza el diagnóstico de cada caso médico; apóstol misionero de la verdad histórica, aportaste desinteresadamente a la verdad en la sociedad”.

A pesar de la modestia mostrada por Alejandro, no era amigo ni del elogio, ni de la lisonja. Hoy a través de este importante rotativo LA PRENSA te digo que mereces honor y gloria. Gracias Alejandro.

El autor es Secretario General del Ministerio de Salud

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