Uriel Cuadra A.
Así como las continuas olas interminables del bello lago Cocibolca, así son las anécdotas de la Gran Sultana. Son tantas que creo que no tienen fin y adornan la historia y el recuerdo de esta linda ciudad encontrada por los dioses.
No son exageraciones sino vivencias del pueblo granadino, el cual posee una fuente de imaginación y un capital de creatividad. ¡Pocos! Sí, con el tiempo se darán cuenta que son interminables, ya que es dueño de un manantial de pequeñas historias que se necesitan siglos para darlos a conocer a este querido pueblo.
En tiempos de Semana Santa se recuerda la pasión del Nazareno con una elegante presentación por la mayoría de las calles integrada por elementos de los barrios. La crucifixión se llevaba a cabo en la placita de Jalteva. Tres cruces integran la representación del Golgota.
En un lejano día, después de ensartar la lanza en el costado del que representaba al Nazareno, fue esta tan fuerte que por los efectos de las lágrimas de la caña (guaro) se le cayó el trapo que le cubría de la cintura para abajo, quedando tal como había nacido. Los gritos y chiflidos fueron tantos y tan fuertes que alborotaron el vuelo de las palomas de castilla del Colegio Salesiano, y los zanates buscaban los aires de Jalteva. En ese instante nació un nuevo nombre, a este joven oriundo de un barrio cercano, lo bautizaron con el apodo de «Jesús cochino», la dirección de su casa fue y seguirá siendo un punto de referencia, por ejemplo; doña Juana vive a dos cuadras hacia el lago de la casa de «Jesús cochino», o sea, cerca de las «pupusas».
Esta es una muestra de cómo nacen los apodos en este pedazo de cielo, y duran por generaciones. Esto sucedió hace aproximadamente sesenta años, y por eso es bueno referirlos para que no se pierda esta linda página granadina. Otro, «Miguel bolita» era un barbero muy conocido. Una vez, al encontrármelo al medio día, le pregunté: Miguel, ¿por qué venís tan sudado, si no hace tanto calor? A lo que me contestó: vengo de ganarme el real más duro de mi vida, o sea el valor entonces de un corte de pelo, vengo de pelar al sol a un joven de apellido alemán, quien padecía de hidrocefalia (cabeza muy grande) y con el pelo rojo. Así cada apodo tiene una anécdota muy interesante, pues esta es la fuente de los nombres o sobrenombres.
Creo que pocas ciudades en este continente tengan este privilegio, ya que lo considero muy original. En otros lugares ponen el apodo porque la persona se parece en algo al referido sobrenombre, o por referencia de algo o alguien. En la Gran Sultana todo tiene un origen, el cual es una pequeña historia, agradable para algunos y preciosos para otros. Una señora de mucho dinero tenía un automóvil y a esto la gente le decía «El cepillo de dientes», porque no se lo prestaba a nadie, era de uso muy personal.
Espero que al referir tantas anécdotas las personas aludidas no se vayan a enojar, pues lo único que deseo es darlos a conocer. Fuera de ello, estoy seguro que todos saben su apodo, pues esto jamás se olvidan, se los llevan a la tumba. Además la mayoría por el tiempo deben haber pasado a mejor vida, aquí refiero historias de unos sesenta año y estas personas desde el más allá mostrarán una sonrisa al recordar este bello recuerdo en tan preciosa ciudad.
El autor es ingeniero granadino.