Posada Carriles y los secretos del Irán-Contras

El Nuevo Herald MIAMI, FLORIDA, EE.UU.- Abordo del avión iba un escándalo. Cayó a tierra como una caja de Pandora que explota. El C-123 llevaba secretamente armas y suministros para los combatientes contras de Nicaragua, por cuenta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Eugene Hasenfus, uno de los ocupantes del avión, saltó en paracaídas […]

Luis Posada Carriles.

El Nuevo Herald

MIAMI, FLORIDA, EE.UU.- Abordo del avión iba un escándalo. Cayó a tierra como una caja de Pandora que explota.

El C-123 llevaba secretamente armas y suministros para los combatientes contras de Nicaragua, por cuenta de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

Eugene Hasenfus, uno de los ocupantes del avión, saltó en paracaídas y —al ser detenido a mediados de los ochenta— le contó al Gobierno sandinista de Nicaragua que la aeronave era parte de una operación de la CIA, de apoyo a los contras.

En una rueda de prensa, que quedó sepultada bajo la avalancha de noticias sobre las conexiones de Washington y la aeronave, el entonces viceministro del Interior de Nicaragua, Luis Carrión, aseguró que en la operación participaban dos cubanos que continuamente se ufanaban de su amistad con el entonces vicepresidente George H. Bush.

Uno de ellos, agregó Carrión, basándose en el testimonio de Hasenfus, se llama Luis Posada Carriles y “le gustaba jactarse de ser amigo personal de George Bush”.

Con las declaraciones de Hasenfus, arrancó el llamado escándalo Irán-Contras, el embarazoso fiasco de la inteligencia estadounidense que desentrañó la financiación de la guerrilla de los contras con dinero producto de la venta de armas a Irán.

La prensa le perdió la pista a Posada en esos días, pero no por desdén sino por fuerza mayor.

En medio del seguimiento de los reporteros de los pasos del cubano en un centro de operaciones de la CIA en El Salvador, donde Posada trataba de levantar toldas y borrar rastros de la misión descubierta, la tierra comenzó a temblar.

Un terremoto de alta intensidad sacudió a El Salvador y forzó a recoger cámaras y micrófonos.

Hoy, Posada es el epicentro de otro sismo en su larga vida de combatiente anticastrista y el episodio del escándalo de Irán-Contras se suma a la lista de interrogantes en torno a cuánto sabía el padre del actual presidente sobre las andanzas del cubano.

Testigos entrevistados por El Nuevo Herald califican de absurda la versión de que Posada haya tenido contactos personales con Bush.

HABLA CARRIÓN

Pero el funcionario sandinista que lanzó las primeras pistas en 1986, afirmó que se ratifica en su declaración original, aunque no dio mayores detalles.

En la actualidad, Carrión preside en Managua una firma que asesora al ex alcalde Herty Lewites, un sandinista disidente, en su postulación a la Presidencia de la República.

Carrión dijo que no recordaba muy bien sus declaraciones en la rueda de prensa y fue parco al tratar de reconstruir los antecedentes de la misma.

“Pero si yo lo dije en ese momento, yo me sostengo”, aseguró el ex viceministro.

Durante su intervención en 1986, Carrión aseguró que estaba “convencido” de que el segundo al mando de la operación de suministros de armas y pertrechos a los contras era Posada Carriles, acusado de la voladura del avión de Cubana de Aviación en 1976.

La mayoría de los sospechosos de la tragedia, una legión de furiosos anticastristas cubanos, habían tenido o tenían vínculos directos con la CIA, dirigida entonces por Bush padre.

Aunque en principio sólo se conocieron los nombres de combate de los cubanoamericanos, días después de la caída del avión, el Gobierno sandinista los identificó como Félix Rodríguez, quien operaba con el alias Max Gómez, y Luis Posada Carriles, quien trabajaba bajo el nombre Ramón Medina.

En una entrevista con El Nuevo Herald, Rodríguez calificó de absurda la versión de que alguna vez Posada hubiera conocido personalmente a Bush. El veterano ex colaborador de la CIA coordinaba los vuelos de suministros a los contras desde la base de Ilopango, en El Salvador.

La operación era financiada por la CIA y dirigida por el teniente coronel Oliver North, consejero de Seguridad de la Casa Blanca. Rodríguez aseguró que la función de Posada en la operación de apoyo a los combatientes era secundaria.

“Jamás en la vida Posada tuvo contacto con Bush”, explicó Rodríguez. “La misión de Ramón (Posada) era atender las casas de seguridad donde dormían los pilotos, los copilotos; que las casas tuvieran criadas, tuvieran comida; que los choferes los llevaran a tiempo”, sentenció.

EL VIAJE DE HASENFUS

Documentos desclasificados que fueron revelados la semana pasada por los “Archivos de Seguridad Nacional”, arrojan nuevas luces sobre el papel de Luis Posada en las operaciones de abastecimiento de los contras. Una de las operaciones en que participó, fue en el viaje final de Eugene Hasenfus.

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