Judith Cordon M.
Con la marcha cívica y patriótica en la que miles de nicaragüenses se manifestaron el 16 de junio se ha renovado la esperanza de vivir en un país donde predomine el civismo, educación y amor a la Patria.
Los políticos no deben minimizar la marcha, pues siendo profesionales preparados —así lo han hecho creer— no se deben dejar cegar por el fanatismo de sus líderes, no deben ser ciegos y sordos al pensar y sentir de un pueblo que ha sido secuestrado por un grupo, que ha menospreciado a los nicaragüenses de todas las edades con sus actuaciones prepotentes, donde los ha dominado odios personales, que los ha hecho suscribir leyes contrarias para lo que fueron electos, sin seguirles importando la pobreza del pueblo nicaragüense.
Los nicaragüenses con el llamado del 16, desean poderes despartidarizados, donde predomine trabajar por Nicaragua y los nicaragüenses. Nadie quiere más oír ni ver noticias, donde predominan el destilamiento de odio y cambios políticos, sólo para repartirse puestos y prebendas personales, como hasta ahora han hecho sentirnos, sin ofrecer ningún bienestar moral y económico que redunde a favor de todos los nicaragüenses.
Dios y la Virgen nos ayuden para que los políticos dejen de politiquear y trabajen por y para los nicaragüenses, sin pensar más en la libertad del líder, que sólo ha sido retroceso de la débil y enferma democracia hacia una dictadura de la que la mayoría del pueblo rechaza.