Armando Guevara Fletes
Luis Posada Carriles estaba detenido en Panamá por supuesto sabotaje a un avión de pasajeros cubano, y estaría todavía en la cárcel sino fuera porque un dictador menospreció a una dama, irrespetó a la señora Mireya Moscoso, Presidenta de la República de Panamá, al ordenarle por la fuerza que le entregara al supuesto terrorista. El dictador Castro creyó que iba a intimidar a una mujer, por el hecho de ser mujer, olvidándose que esa señora era la Presidenta de la soberana República de Panamá.
Al sujeto le salió la venada careta, ya que para callar al machista, al insolente, al necio, la señora Presidenta puso en libertad al supuesto terrorista, que ya había estado ocho años en una cárcel panameña.
Cuando el señor Posada Carriles cumpla su condena en Estados Unidos, por haber entrado mojado y salga en libertad, le va a quitar el sueño al prepotente señor Castro, que olvidó usar la “diplomacia” en vez de la fuerza bruta, al reclamar a fuerza bruta a un supuesto terrorista.
Es una lástima que ese señor del cuento no haya leído un libro escrito por un señor muy inteligente, que dijo: un hombre puede pasar toda su vida tratando de comprender a las mujeres, y nunca lo va a conseguir. Ejemplo: la forma en que reaccionó la presidenta Moscoso ante el acoso de un dictador, que tiene en sus cárceles una gran cantidad de ciudadanos cubanos, por el solo hecho de no pensar como él.
Castro también debió haber leído lo que dijo el sabio mexicano Benito Juárez, y es lo siguiente: “La libertad consiste en el respeto al derecho ajeno, porque donde terminan mis derechos, comienzan los de los demás”, cosa que no pasa en Cuba desde hace cuarenta y cinco años.