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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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El ejemplo del Padre

Jenny Morales

Dios diseñó una familia en la cual el padre es la cabeza del hogar. El mismo Jesucristo dijo: “Yo hago las cosas que veo hacer a mi Padre” (Juan 5:19). Por eso el ser humano está diseñado para tener un padre y una madre que lo amen, lo eduquen y lo cuiden en su primera edad. El elemento básico para formar una personalidad sana es el amor incondicional de los padres en nuestra niñez, además del ejemplo de éstos.

De ahí que la falta de un padre produce un daño psicológico generacional que repercute en la conducta de los hijos, pues éstos albergan un gran resentimiento hacia ellos y mayormente hacia la sociedad que tiene hogares formados. Este resentimiento se vuelca en sentimientos de envidia, codicia, impotencia, que son el caldo de cultivo para el alcoholismo, las drogas y otros males.

Por otro lado, la ausencia del padre, entiéndase “irresponsabilidad paterna”, daña la economía familiar a nivel micro y a nuestra sociedad a nivel macro, de manera que las familias sin padre conforman el 60 por ciento de la sociedad nicaragüense. Estas familias, encabezadas por mujeres que se ven obligadas a trabajar arduamente, solamente pueden tener un tiempo de comida. Además, los niños no pueden estudiar porque a los 13 ó 14 años son enviados a trabajar para ayudar al sustento familiar. La pobreza obliga a la familia a mendigar, robar u otros para salir de ese círculo de pobreza.

El problema de la irresponsabilidad paterna tiene una explicación histórica, pues descendemos de padres españoles que engendraron hijos en nuestras mujeres y las dejaron con esa carga, mientras ellos regresaron a España. El machismo irresponsable es una maldición española. Desde entonces nuestros niños se criaron sin el concepto de una familia (padre-madre-hijos), y ahora hacen exactamente lo que sus padres hicieron: “engendrar irresponsablemente”.

No obstante, las mujeres también contribuyen a esta actitud, sobre todo cuando entablan una relación con hombres casados con los cuales procrean hijos e hijas. Con esa actitud se le está haciendo creer a las niñas que no es necesario casarse y tener un hogar constituido con un padre responsable para engendrar hijos, y ellas vuelven a repetir el ciclo de pobreza de “engendrar irresponsablemente”, tal como lo vieron en sus madres. Esto lo comprobé cuando le hice una observación a una joven porque andaba con un hombre casado, ella me dijo que su mamá lo había hecho y que no tenía nada malo. Hoy es una madre soltera de cuatro niños. Probablemente sus hijas repitan el ciclo de pobreza. Es muy triste ver cómo la mujer fácilmente acepta el rol de amante y sostenedora del hogar solamente porque siempre vio a su madre hacerlo.

La falta de amor de los padres, la falta de ejemplo, la falta de alimentación adecuada, de incentivos emocionales adecuados y de normas de conducta moral ha enfermado a un gran segmento de nuestra sociedad. Tenemos un gran porcentaje de nuestra población con una mente programada para producir más pobreza. Sería bueno pensar en romper este círculo de pobreza.

La autora es Representante de la Organización Canadiense, Presbiterianos Ayudando a Nicaragüenses (PAN).

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