Denis Torres
La autoridad moral que nos confiere el haber contribuido a la creación de la Procuraduría para la Defensa de Derechos Humanos, institución fundamental para la democracia; el haber generado condiciones para su desarrollo ulterior convocando a las defensorías del pueblo de América Central; el trabajo de doce años en la causa de la paz y los derechos humanos y apoyados en nuestra condición de ciudadanos nos obliga dirigirnos al señor procurador Omar Cabezas y al subprocurador Adolfo Jarquín Ortel, en su condición de nuevo liderazgo institucional.
No es normal ni saludable para el ser humano, para los países, y en este caso para las instituciones, vivir en un eterno conflicto, el desgaste que comporta, la imagen que proyecta y la percepción que construye terminan acabando con su misión y razón de ser. La Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de Nicaragua ha vivido desde su creación conflictos recurrentes, que algunos lo explican por las circunstancias de su nacimiento, fruto del pacto, o la idoneidad de su conducción dirán otros o la ausencia de un sabio manejo de las contradicciones internas, dirán otros más, o las tres cosas concluirán otros. Cualesquiera que sean las razones, eso no debe seguir.
La Procuraduría no es propiedad de ningún partido, es un bien muy preciado de nuestra sociedad, es una conquista democrática del pueblo para su defensa frente a los abusos del poder. En la mayoría de los países del mundo donde existe, es el reservorio moral de la sociedad y en países como el nuestro debería caracterizarla su integridad a toda prueba y su coherencia ética.
Queremos ver una Procuraduría al lado de su pueblo, (quien la sostiene con sus impuestos y sacrificios). Si ha de cometer un pecado o una desviación, que ésta sea más por posiciones ácratas que por complicidad ante el poder en sus abusos. Si han de competir las fuerzas partidarias hoy aliadas que la conforman, que sea por la formulación de las mejores propuestas e iniciativas de trabajo, para contribuir a cambiar la situación actual en que vive nuestro pueblo.
Una vez Julius Nyerere, prócer de la independencia y presidente de Tanzania en el contexto de la guerra fría, les decía a las superpotencias que en vez de competir en la carrera armamentista compitieran en la virtud de ofrecer a la humanidad las mejores soluciones para enfrentar sus grandes problemas.
Que el elemento de unificación no sea la cuota de poder, sino la vertebración de una estrategia de trabajo de mediano y largo plazo en el marco de su visión y misión, en torno a sus dos ejes fundamentales como son la defensa y promoción de los derechos humanos.
Con las nuevas procuradurías especiales se han abierto extraordinarias posibilidades para ampliar, profundizar su presencia y cobertura, y contribuir desde sus respectivos ámbitos a la construcción de una democracia formal y participativa, al Estado de Derecho, al desarrollo humano y a una cultura de paz. En nosotros siempre encontrarán la misma solidaridad del primer día.
Director Instituto Martin Luther King, Upoli