Guillermo Rothschuh Villanueva
La Cátedra Abierta de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UCA, única en su género en Nicaragua, está cumpliendo quince años. Dispusimos ponerle así por las mismas razones que Umberto Eco llamó a una de sus obras Opera aperta o Augusto Monterroso, con ese humor corrosivo que le distingue, denominó a uno de sus libros Obras completas. La cátedra abierta es una asignatura dentro del proceso de formación académica de los estudiantes de comunicación social. En ella aprenden a desarrollar conocimientos, competencias, destrezas, habilidades y valores. Una razón de peso la convierte en el foro universitario más importante del país: sus quince años de permanencia continua en el tiempo. Se desarrolla todos los jueves, sin excepción alguna y debemos ponderar de manera positiva la calidad de sus invitados y naturaleza de los temas sujetos a debate.
La cátedra, como la denominan de manera familiar los estudiantes, nació en un contexto muy especial. En abril de 1991 la polarización política era el pan nuestro de todos los días. Las probabilidades de la reconciliación entre los diversos actores políticos se veía como una posibilidad remota. La Escuela de Periodismo venía de ser una especie de escuela de cuadros políticos y sus planes y programas de estudios no se ajustaban a la nueva realidad de Nicaragua. Al fundarse la Facultad de Ciencias de la Comunicación sentimos la necesidad de hacer una nueva propuesta curricular, también creímos necesario abrir una asignatura que contribuyera a despolarizar la situación interna en el campus universitario y hacerles comprender a los estudiantes que el espectro político nacional estaba conformado por una diversidad de colores. Desde el rojo más pintado hasta el violeta más encendido.
Las dos tareas más importantes en ese momento eran, por un lado, las transformaciones curriculares y, por el otro, recrear nuevos valores morales que permitieran romper el círculo vicioso en que nos encontrábamos atrapados. Comenzar a hablar con la mayor naturalidad de la importancia y necesidad de que la nueva carrera de Comunicación Social sostuviera su edificio en la excelencia académica. La cátedra constituyó uno de los mayores aciertos. Con su creación se abrían de nuevo las aulas universitarias a todos los actores de la vida nacional más allá de sus adscripciones políticas. Se rompía el confinamiento en que vivía la universidad. Se tornaba en una realidad que una universidad que no abría sus puertas al debate empobrecía su quehacer académico pero, sobre todo, una carrera de Comunicación Social que no debatía de una manera franca y abierta todos los temas que se consideraban prioritarios para el desarrollo de la vida nacional, no tenía razón de ser.
La cátedra se ha convertido en una escuela de tolerancia y pluralismo. No hay temas vedados o censurados. Tampoco hay restricciones para negar la invitación a cualquier personaje de la vida nacional. Sin ser exhaustivos, por la cátedra han desfilado desde presidentes de la República —Enrique Bolaños— hasta el cardenal Miguel Obando en su calidad de máxima autoridad de la Iglesia Católica, el Jefe del Ejército, Javier Carrión, líderes sindicales —Mario Malespín—, analistas políticos como Emilio Álvarez Montalván, economistas como Francisco Laínez y Néstor Avendaño, directores de medios como Danilo Aguirre, Carlos Briceño, Octavio Sacasa, y Eduardo Enríquez, educadores como Carlos Tünnermann y Alejandro Serrano, Ministros de Estado como Toño Lacayo, artistas de la talla de Carlos Mejía Godoy y Otto de la Rocha. En fin, la cátedra ha servido para que más de ochocientos expositores nacionales y extranjeros vengan a la UCA a hacer sus planteamientos y a debatir sus ideas y propuestas con los estudiantes de la Carrera de Comunicación Social.
Se trata de un ejercicio pluralista. Una apertura que permite establecer una relación de doble vía entre la sociedad nicaragüense y la Universidad Centroamericana. Los estudiantes han aprendido a respetar las opiniones ajenas. Las lecciones más importantes aprendidas durante este tiempo es que el déficit acumulado en materia de tolerancia en Nicaragua es muy alto. Pero hemos avanzado muchísimo. El solo hecho de poner en perspectiva al país y debatir con amplitud sus principales problemas permite a los estudiantes tener una visión más amplia y compleja de la sociedad contemporánea. Ningún tema ha sido ajeno a nuestras preocupaciones académicas. Deseamos formar una nuevo tipo de profesional que conozca de cerca los problemas que aquejan al país y el mundo y que, desde la diversidad de propuestas vertidas, puedan acercarse a la realidad nacional e internacional de una manera más desprejuiciada y con conocimiento de causa.
La cátedra continuará su tónica. En la antevíspera de las elecciones nacionales, el tema sujeto a debate es el de la política, sus alcances y perspectivas. En este ejercicio deseamos que ninguna fuerza política quede sin invitar. Porque también la cátedra ha servido para que los estudiantes aprendan a discernir acerca de la sinceridad, fortaleza y compromiso verdaderos de cada uno de los ponentes. A estas alturas, quince años después, ya nadie puede venir a la universidad a improvisar y a pretender dar gato por liebre a los estudiantes. Esta es otra de las grandes lecciones aprendidas.
El autor es decano de la Escuela de Ciencias de la Comunicación Social, de la UCA.