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Apabullante sencillez. El cuerpo del rey Fahd es visto en la mezquita del imán Turki Ibn Abdalá, conocida también como la Gran Mezquita, en Riad.

Sencillo entierro para el rey saudita

Su funeral contrasta con la opulencia en vida AFP RIAD.- Los restos del rey Fahd de Arabia Saudita, quien falleció el lunes a los 84 años, después de 23 años a la cabeza de un reino ultraconservador y la más rica potencia petrolera del mundo, fueron inhumados ayer en una austera ceremonia siguiendo la rigurosa […]

  • Su funeral contrasta con la opulencia en vida

AFP

RIAD.- Los restos del rey Fahd de Arabia Saudita, quien falleció el lunes a los 84 años, después de 23 años a la cabeza de un reino ultraconservador y la más rica potencia petrolera del mundo, fueron inhumados ayer en una austera ceremonia siguiendo la rigurosa tradición fundamentalista islámica wahabita.

Los restos del rey fueron inhumados en el cementerio central de Riad, después de que se recitara la oración de los muertos en la Gran Mezquita de la capital saudita.

Transportado en hombros por los fieles, el cuerpo sin vida del monarca fue cubierto con un sudario blanco y fue enterrado en una fosa del cementerio público Al-Oud, donde la familia real dispone de una parcela particular.

El funeral del rey se realizó respetando la rigurosa tradición de la escuela fundamentalista islámica wahabita. La ceremonia fue presidida por su sucesor, su medio hermano Abdala ben Abdelaziz, proclamado rey el lunes.

El último viaje del rey Fahd comenzó en el Hospital Rey Faisal —donde murió en la madrugada del lunes tras una larga agonía— y concluyó en el cementerio público Al-Oud, tras una escala en una mezquita para la recitación de plegarias rituales en presencia de la familia real y de varios dirigentes árabes y musulmanes.

Cubierto con la última abaya (hábito tradicional saudita) usada por el soberano, el cadáver fue transportado en una ambulancia, sin escolta militar, desde el hospital hasta la mezquita del imán Turki Ibn Abdalá, conocida también como la Gran Mezquita.

Varios miles de fieles asistieron en el interior y exterior de la mezquita a la ceremonia, que duró pocos minutos, y durante la cual el gran muftí Cheikh Abdel Aziz al-Cheikh recitó las oraciones rituales para el “descanso del alma del difunto y perdón de sus ofensas”.

Luego, el cadáver fue trasladado al cementerio Al-Oud, a unos 10 km de distancia, donde descansan cuatro predecesores del difunto monarca y miembros de la familia real saudita.

Su tumba no lleva construcción ni señal distintiva alguna.

Una serie de limusinas negras que transportaban a los dignatarios sauditas fueron estacionadas junto al cementerio, en el que policías y militares fueron desplegados.

Decenas de miembros de la familia real ataviados con sus tradicionales tocados árabes a cuadros rojos y blancos se apresuraban a dar el último adiós al rey Fahd.

Los dignatarios árabes y musulmanes, que no estuvieron presentes durante la inhumación, presentaron sus condolencias en la Gran Mezquita, mientras que los dignatarios extranjeros fueron invitados a una ceremonia oficial de condolencias en el Palacio Real en Riad.

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