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La casa familiar de Brieskow-Finkenheerd, donde Sabine H. enterró los cuerpos de 9 hijos suyos.

Estudian entorno y motivaciones de mujer infanticida múltiple

EFE BERLÍN.- La Policía alemana sigue investigando el entorno de la presunta infanticida Sabine H., mientras la opinión pública se pregunta cómo una mujer pudo ocultar nueve embarazos y los sucesivos asesinatos de los bebés a su esposo e hijos, así como a vecinos e instituciones. El jardín familiar de Brieskow-Finkenheerd, la pequeña ciudad fronteriza […]

EFE

BERLÍN.- La Policía alemana sigue investigando el entorno de la presunta infanticida Sabine H., mientras la opinión pública se pregunta cómo una mujer pudo ocultar nueve embarazos y los sucesivos asesinatos de los bebés a su esposo e hijos, así como a vecinos e instituciones.

El jardín familiar de Brieskow-Finkenheerd, la pequeña ciudad fronteriza con Polonia donde la mujer enterró a los recién nacidos, su domicilio actual en Fráncfort del Oder, en cuyo balcón guardó temporalmente los cadáveres, y también los otros lugares donde residió entre 1988 y 2004 son rastreados por la policía.

Los investigadores reconocieron ayer, cuarto día de pesquisas, que siguen sin aclararse los motivos de la mujer, quien se muestra cooperadora en los interrogatorios y hasta aliviada de que todo haya salido a la luz, que argumenta no recordar ni cómo trajo al mundo a esos nueve hijos, más allá de que dio a luz sola y alcoholizada.

Los motivos de este infanticidio son una incógnita no sólo para los investigadores sino también para psicólogos y expertos que buscan explicaciones acerca de qué pasaba por la cabeza de esa mujer de apariencia normal.

Se sabe, según su testimonio, que los cadáveres la acompañaron de mudanza en mudanza —hasta ocho veces cambió de residencia en esos años— hasta que hace dos los trasladó al jardín de su casa familiar.

También que en el momento del crimen la mujer vivía con sus tres primeros hijos, nacidos entre 1984 y 1987, y su esposo, que había servido a la Stasi —policía secreta germano-oriental— en tiempos de la Alemania comunista, con el que mantenía una relación conflictiva y que no estaba mucho tiempo en casa.

El marido —del que se divorció en 2001—, identificado como Oliver, no se enteró de nada, según las diligencias en curso. Tampoco la madre ni la hermana de Sabine H., quien tras su primer embarazo, con 18 años, y su matrimonio con el miembro de la Stasi se mantuvo alejada de su familia, profundamente religiosa.

Sabine H. había tenido una formación como auxiliar de dentista, pero cambió hasta doce veces de ocupación, desde la desaparición del régimen germano-oriental, en 1990, hasta que hace dos años engrosó las listas del paro y recurrió a la asistencia social.

Todo ello no explica cómo una mujer puede parir en secreto —según ella— al menos en nueve ocasiones y matar o dejar morir a sus bebés, en un país donde el aborto no está penalizado —tampoco en tiempos de la RDA— y donde existen servicios de planificación familiar, aunque ella rechazaba los anticonceptivos.

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