Luis García Marenco
El artículo Sacerdotes o caciques, publicado el domingo 21 de agosto pone el dedo sobre la llaga de la situación de la feligresía católica con parte de la jerarquía. La caricatura es muy elocuente.
En Un pobre de Jesús, biografía del sacerdote Azarías H. Pallais, escribió que: “Si Jesús hubiese sido crucificado entre dos miembros del sanedrín” entonces sí hubiera muerto entre dos ladrones. “Cuando al sacerdote Pallais alguien le sugirió que sería obispo”, airado contestó: “Vos querés que me condene; de obispos está empedrado el camino del infierno”.
En la misma página se dice: “Viven en suavidad, camarera de servidumbre, arrastrándose en blandura los gusanos palaciegos…” etc. El obispo Oviedo y Reyes exclamó: “Si le ordeno algo, no me hace caso, y si lo obligo, se me viene encima toda la gente de Corinto”. Azarías H. Pallais sufrió casi persecución de sus superiores y se le prohibió hablar por un tiempo.
La página 296 del libro lleva una fotografía donde el obispo Lezcano aparece coronando a Liliam Somoza en 1942. La diadema de oro se la quitó a la Virgen de Candelaria para ponérsela a la Reina del Ejército. Pallais se refirió al acto como “de Su Excelencia Pendejísima”.
Cuántos actos similares se efectúan hoy en día por sus eminencias. Por eso Rubén Darío en uno de sus poemas dice: “Jesucristo camina enclenque y con charreteras”. ¿Cuánto de esto merece divulgación para ilustración del pueblo? El libro está escrito por José Argüello Lacayo, teólogo nacido en Managua.
Barrio Altagracia, Managua