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Nuevo diálogo entre Rizo y el médico de don Enrique

León Núñez*[email protected]

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Nuevo diálogo entre Rizo y el médico de don Enrique


León Núñez*
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La peña El Bejuco no celebró sesión el sábado pasado, pero los miembros del cuadro dramático de la peña se reunieron en el corredor interior de mi casa de habitación en Acoyapa con el objeto de teatralizar un nuevo diálogo entre el doctor Rizo y el médico de don Enrique.

El director de esta obra teatral le dijo al auditorio que se imaginaran que el diálogo se realizaba en Managua durante una fiesta diplomática, y que recordaran que en el diálogo anterior de hace tres años había sido el doctor Rizo, con mucho misterio, el que se había acercado al médico de don Enrique para hablar de la salud del Presidente de la República, y que ahora, es el médico de don Enrique el que abiertamente se va a acercar al doctor Rizo para hablar del mismo tema, produciéndose, entonces, entre ellos, la siguiente conversación:

El médico: (abrazando al doctor Rizo) “¿Cómo está mi queridísimo doctor?”.

Rizo: (muy serio, tratándose de zafar). “Muy bien, señor”.

El médico: “Desde hace tiempo quería hablar con usted para informarle sobre la salud del Presidente”.

Rizo: (con cara de pocos amigos). “La salud del Presidente me interesó hace tres años por razones constitucionales, pues yo era el llamado a sucederle en caso de muerte. Ahora no me interesa en absoluto. Estoy a punto de renunciar”.

El médico: “¿No le interesa saber el resultado del último chequeo de don Enrique?”

Rizo: “Vea doctor, ya su canción me la sé de memoria. Ya sé que los glóbulos rojos, la hemoglobina, el hematocrito, los glóbulos blancos, las plaquetas, el antígeno específico de próstata, la creatinina, la glucosa, el ácido úrico y el perfil lípido, hepático y pancreático del Presidente están dentro de los rangos normales”.

El médico: “¿Entonces, a usted ya no le deleita pensar en el fallecimiento de don Enrique?”

Rizo: “No, nunca me ha deleitado”.

El médico: “Dígame sinceramente, ¿a usted no le hubiera gustado que don Enrique hubiera “palmado” al inicio de su período presidencial?”

Rizo: “No me hubiera gustado”.

El médico: “¿ De verdad? ¡Júremelo!”

Rizo: “Usted ya me está arrechando. Respéteme”.

El médico: “Y si don Enrique muriera, ¿asumiría el cargo de Presidente de la República?”

Rizo: “No me interesa ser Presidente por un año. Voy a serlo por cinco años”.

El médico: “Lo veo muy seguro”.

Rizo: “Ya Arnoldo me dijo que yo iba a ser el candidato del PLC; que él además me iba a apoyar fuertemente en las elecciones de noviembre del 2006”.

El médico: “¿Y si Alemán lo apoya a usted de mentira tal como apoyó a Pedro Joaquín en las elecciones de Alcalde de Managua?”

Rizo: “Eso no es posible. Hay una gran diferencia. Pedro Joaquín es conservador. Yo soy liberal”.

El médico: “Usted está equivocado. Pedro Joaquín es liberal; firmó el libro rojo, al igual que lo firmó don Enrique”.

Rizo: “El equivocado es usted. La prueba de que don Enrique y Pedro Joaquín no son liberales es muy clara: los liberales no andamos firmando el libro rojo”.

El médico: “¿No ha pensado usted en la posibilidad de que Alemán a última hora le quite su apoyo?”.

Rizo: “No, Arnoldo es un hombre de palabra”.

El médico: “Pero se comenta que el ungido de Alemán es Ramiro Sacasa Gurdián”.

Rizo: “Ya le dije que el ungido soy yo. Arnoldo no va a apoyar nunca a Ramirín. Ya lo conoce que es medio atarantado”.

El médico: “Si Alemán arreglara su problema judicial y buscara la candidatura presidencial del PLC ¿Usted seguiría aspirando a esa candidatura?”

Rizo: “Claro que no. Apoyaría a Arnoldo”.

El médico: “¿Usted cree que en las elecciones de noviembre del 2006 tiene posibilidades de ganarle a Daniel Ortega?

Rizo: “Estoy seguro que le ganaré ampliamente. A mí en elecciones honestas nadie me gana”.

El médico: “¿Sugiere acaso que puede haber fraude?”

Rizo: “A usted le gusta interpretar mal mis palabras. No puede haber fraude con los actuales magistrados del Consejo Supremo Electoral. Son personas honorables, y sobre todo, Roberto Rivas, que al ser uno de los ciudadanos más virtuosos que tiene este país, jamás se prestaría a que se burle la voluntad ciudadana”.

El médico: “¿Quién le gustaría que fuera su vicepresidente?”

Rizo: “A mí me gustaría que la diputada Lilliam Morales Tábora integrara conmigo la fórmula presidencial”.

El médico: “¿Y cómo estaría conformado su gabinete de gobierno?”

Rizo: “Como soy hombre de partido solamente voy a nombrar a liberales. Hasta el momento sólo he pensado en Enrique Quiñónez para Canciller de la República, en María Fernanda Flores de Alemán para Ministra de Educación y en Wilfredo Navarro para Ministro de Gobernación. Los demás nombramientos los haría en base a lo que me recomendara Arnoldo”.

El diálogo concluyó cuando Oliver Garza se llevó de prisa al doctor Rizo. Alguien que estaba muy cerca, y que tiene oídos de tísico, dijo que oyó cuando Garza le informó a Rizo que George Bush quería hablar inmediatamente por teléfono con él. Los analistas políticos presentes en la fiesta se imaginaron que Rizo y Bush iban a acordar por teléfono los últimos retoques políticos de una alianza antisandinista que aseguraría la derrota de Daniel Ortega en las elecciones de noviembre del año dos mil seis.

* El autor es abogado

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