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Cumbre Centroamericana rechaza golpismo

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Cumbre Centroamericana rechaza golpismo





Los presidentes de Guatemala, El Salvador, Honduras y Costa Rica, más los representantes del Primer Ministro de Belice y de los presidentes de Panamá y República Dominicana, se reunieron ayer en Managua, convocados por Nicaragua, que ejerce la Presidencia pro tempore del Sistema de Integración Centroamericana (SICA), y respaldaron al gobierno del presidente Enrique Bolaños al que Daniel Ortega y Arnoldo Alemán quieren derrocar por medio de un golpe de Estado supuestamente “legal”.

Al respecto de esta solidaridad de Centroamérica con Nicaragua, los fariseos de la política criolla se rasgan las vestiduras y dicen que “en vez de defender a Bolaños los gobiernos centroamericanos deberían acordar un plan de emergencia energética regional”. Pero la Cumbre Centroamericana tenía previsto tratar el problema energético, y en efecto lo discutió. En realidad, lo que pretenden los pactistas y sus farisaicos aliados es que la comunidad democrática internacional deje desamparados a Nicaragua y a su Presidente legítimamente elegido por una gran mayoría de ciudadanos, al que quieren ver a merced de las maquinaciones golpistas libero-sandinistas.

Pero los estadistas democráticos de la región no comen piedras ni comulgan con ruedas de molino. Ellos saben, sin duda, que es muy importante y preocupante el problema energético, particularmente el incesante aumento del precio del petróleo causado por la insaciable voracidad de los gobernantes petroleros, como Hugo Chávez, de Venezuela, y los jeques del Golfo Pérsico. Y están buscando soluciones.

Pero es evidente que los gobernantes centroamericanos comprenden también la prioridad de defender el sistema de gobierno democrático de Nicaragua, porque esto significa proteger la estabilidad política en toda la región. De nada serviría buscar soluciones a la crisis del petróleo y otros problemas, si la región se hundiera nuevamente en el pantano de la inestabilidad, la ingobernabilidad y la violencia, como ocurrió en los años ochenta del recién pasado siglo XX por culpa de sandinistas retrógrados como Daniel Ortega, que no se cansan de hacer daño a Nicaragua y tratan de dañar también a los países vecinos.

Los pactistas y sus aliados claman contra la “intervención extranjera” de quienes, como los gobernantes de Centroamérica, Panamá y República Dominicana, se pronuncian en defensa de la institucionalidad democrática de Nicaragua. Pero los mismos que claman contra esta “intervención” avalan que el líder pactista vaya a Cuba y Venezuela a recibir instrucciones —¿y financiamiento?— para sus acciones de desestabilización política y sus pretensiones de unir a Nicaragua a un nuevo eje de conspiraciones totalitarias en América Latina.

En circunstancias críticas, como la que hay ahora en Nicaragua, Centroamérica debe ser una sola y actuar como tal. Primero porque así lo manda el espíritu centroamericanista, que en el caso de Nicaragua está consagrado en su Constitución y compromete a su pueblo y gobierno a promover “todos los esfuerzos para lograr la integración política y económica y la cooperación en América Central, así como los esfuerzos por establecer y preservar la paz en la región”.

Y segundo porque los Estados centroamericanos nacieron como una sola entidad geopolítica, se separaron luego por las inconsecuencias y desmedidas ambiciones personalistas de sus políticos, pero ahora de nuevo se están integrando y unificando. Al respecto cabe señalar que el mes de septiembre, cuando se conmemora y celebra la independencia centroamericana de 1821, es propicio para que se demuestre el apoyo centroamericanista al Presidente de Nicaragua y, por medio de éste, a la institucionalidad, la constitucionalidad, la democracia y la paz de los nicaragüenses, que es también la paz de Centroamérica.

Los conflictos políticos de Nicaragua, siempre que se salieron de madre terminaron expandiéndose a los demás países centroamericanos, causándoles graves daños. Así ocurrió a mediados del siglo XIX, cuando los otros países de Centroamérica hasta tuvieron que mandar sus ejércitos a Nicaragua, para poder derrotar a los filibusteros de William Walker que contrataron los liberales. Después, a principios del siglo XX se produjo el expansionismo del liberalismo zelayista. Y en los años ochenta del mismo siglo XX, Centroamérica sufrió el aventurerismo marxista internacionalista del régimen sandinista.

De manera que es justo, correcto y necesario que Centroamérica acuda en defensa de la democracia de Nicaragua antes de que sea tarde, es decir, antes que los pactistas libero-sandinistas consumen el golpe de Estado “legal” contra el presidente Bolaños.

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