Alberto Rondón yBosco Noguera
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Organización de la sociedad civil
Alberto Rondón y
Bosco Noguera
En la actualidad la sociedad civil está desarrollando las denominadas “marchas blancas” como una forma de cuerpo intermedio, en virtud de las cuales se pretende impulsar el desarrollo social y de esta forma alcanzar el bien común. Los cuerpos intermedios no son otra cosa que organizaciones que están entre la familia, que es el núcleo fundamental de la sociedad, y el Estado. Esta estructura es propia de toda sociedad, pues responde a la tendencia natural del hombre.
El reconocimiento de este hecho conlleva el del principio de subsidiariedad. Éste ha sido definido como la imposibilidad de que una sociedad mayor pueda asumir legítimamente el campo de atribuciones o de acción de una sociedad menor, porque las sociedades mayores nacen para realizar lo que las inferiores no pueden lograr por sí mismas, y no para absorber a estas últimas. Por lo tanto, el Estado no puede invadir el campo propio de las autonomías de las sociedades intermedias, ni menos el de lo que las personas individuales están en condiciones de llevar a cabo adecuadamente. De este modo, el campo legítimo de acción del Estado o de una sociedad intermedia empieza donde terminan las esferas posibles de acción adecuada a las sociedades intermedias menores o de los individuos particulares.
No sólo es importante que este principio sea desarrollado en las esferas intelectuales, si no que sea consagrado en los ordenamientos jurídicos de cada país, de forma que la sociedad pueda verdaderamente estructurar a través de él. Es por eso que el artículo 49 de nuestra Carta Magna establece que: “En Nicaragua tienen derechos de constituir organizaciones los trabajadores… y pobladores en general, sin discriminación alguna, con el fin de lograr la realización de sus aspiraciones según sus propios intereses y participar en la construcción de una nueva sociedad”.
La experiencia de los Estados Unidos, en la que existen más de 800 mil organizaciones formales y sin fines de lucro, nos enseña que las instituciones no gubernamentales de una sociedad libre y civil pueden tener un rol central, creativo y siempre cambiante en la satisfacción de las necesidades sociales. Es por eso que Alexis de Tocqueville en su libro La democracia en América sostiene que la fortaleza de la democracia se encuentra en el arte de establecer asociaciones, ya que estas organizaciones comunitarias sirven como escuela de autogobierno, que enseñan hábitos democráticos y de cooperación.
En Nicaragua, el término “sociedad civil” todavía parece algo ajeno al lenguaje común, aun cuando en términos prácticos, más que conceptuales, muchos reconocerán el aporte que instituciones como la Cruz Roja, Aproquen y Los Pipitos hacen diariamente al país.
En nuestra patria, el principio de subsidiariedad está en pañales porque nosotros esperamos que el Estado, a través de sus distintas instituciones, satisfaga nuestras necesidades, incluyendo aquellas que la sociedad civil tiene capacidad para satisfacer, pero que por falta de organización no lo hace. A modo de ejemplo, no es sólo responsabilidad del Estado la protección del medio ambiente, ya que es deber de todos velar por la protección de la madre naturaleza, y el Estado tendrá rol subsidiario en la protección de todo aspecto que los particulares por sí solos no puedan. Esta pasividad de los cuerpos intermedios afecta el desarrollo de la sociedad, y por tanto dificulta alcanzar el bien común que tanto añoramos.
Por lo tanto, como señala el profesor chileno Eduardo Soto Kloss, la primacía de la iniciativa privada ha de manifestarse en todas las actividades del hombre en sus relaciones sociales, no sólo en lo económico, si no también en la educación y cultura, deportes y recreación, salud y seguridad social, en lo laboral, en lo comunal, etc.
Y en seguida agrega, ciertamente esta primacía de la iniciativa privada o particular no significa en modo alguno, en arrinconar al Estado al papel de gendarme. Aquélla se debe conjugar y armonizar con éste perfectamente de acuerdo a los lineamentos propios del principio de subsidiariedad.
En consecuencia hoy más que nunca la sociedad debe buscar como estructurarse a través de cuerpos intermedios. Y esto es un deber de todos. De lo contrario, a como dijo S.S. Juan XXIII en su Carta Encíclica Mater et Magistra, se corre el riesgo de que cuando falte la actividad de la iniciativa particular termine surgiendo la tiranía política.
Los autores estudian derecho en Chile.