Manuel de Jesús García O.
Todo el pueblo nicaragüense sabe que Daniel Ortega es marxista-leninista. El cardenal Obando lo sabe, pues él fue víctima de ofensas y calumnias del mismo Ortega durante la noche negra de los años ochenta del siglo recién pasado.
La Iglesia Católica —nuestra madre y maestra— nos prescribe que para poder participar dignamente del cuerpo y la sangre de Cristo, en la recepción del mismo se ha de tener fe profunda y llevar una vida acorde con la doctrina de amor hacia nuestros prójimos y la observancia fiel de los mandamientos de la Ley de Dios, en este caso especialmente el quinto, séptimo y noveno mandamiento.
Es decir que, para poder recibir la santa comunión es necesario estar en Gracia de Dios —libre de pecados mortales— pues, de lo contrario se comete un nuevo y grave pecado de sacrilegio, ya que con esto se profana lo más puro y santo de nuestra fe católica que es también el centro de adoración de nuestra sagrada liturgia.
El comunismo es intrínsecamente perverso dijo Su Santidad, el Papa Pío XI en su Encíclica “Divini Redemptoris” (del 19 de marzo de 1937) y nos exhorta a tener cuidado en no caer en sus “marañas”.
Por eso me extrañó sobremanera que Su Eminencia, cardenal Miguel Obando y Bravo, haya caído en la “trampa” o engaño diabólico de este “converso” (…) a quien no veo asistir a la misa dominical ni que se acerque al confesionario, mucho menos a “comulgar” corrientemente, sin cámaras ni periodistas ad hoc., tal a como lo hace cualquier feligrés que vive y practica normalmente su fe.
El gran Apóstol San Pablo, en primera de Corintios severamente nos advierte y señala que: “Cualquiera que comiere indignamente de este pan y bebiere del cáliz del Señor —la Santa Comunión— será reo del cuerpo y sangre del Señor. Por tanto, examínese a sí mismo el hombre (arrepintiéndose, reparando el daño, confesándose, etc.) y de esta manera sí que come de aquel pan y bebe de aquel cáliz. Porque, quien lo come y bebe indignamente —es decir en pecado mortal— se traga y bebe su propia condenación”.
San Pablo era bien claro, no andaba con términos medios, “llamaba las cosas por su nombre y no anduvo ni se prestó para testigo y garante” (…) de gente deshonesta por la sociedad/ delincuentes comunes.
Este acto publicitario de Daniel Ortega —diabólicamente calculado— para casarse y recibir la santa comunión, para remate de manos del Cardenal, es la mayor ofensa pública que se puede dar en contra de la sagrada Eucaristía y en contra de la fe del pueblo católico nicaragüense.
Que un pecador anónimo haga esto ante un sacerdote que no lo conoce, se explica y dispensa, pero que este enemigo de la Iglesia lo haya hecho con calculada ostentación y para mayor ofensa de manos de su amigo, el señor Cardenal, es algo insólito que confunde e indigna, y por lo cual protesto enérgicamente como hijo fiel de la Iglesia.
Si nuestros obispos y sacerdotes —por omisión, amiguismo o temor— no defienden nuestra fe en la santa religión que heredamos de nuestros mayores, y los santos sacramentos que nos aumentan la gracia divina, habremos llegado a una gran indefensión nunca antes vista.
Esto será mortal para la misma Iglesia y para nuestra vida espiritual y tradición cristiana de más de veinte siglos de catolicismo.