La Bandera de la Patria en la historia nacional

Mario Sandoval Aranda “Se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante. Pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella”.(Maximiliano Robespierre, líder de la Revolución Francesa, 1758-1794) El 14 de julio fue declarado Día de la Bandera, pero no se celebra con actos cívicos y […]

Mario Sandoval Aranda

“Se puede abandonar a una patria dichosa y triunfante. Pero amenazada, destrozada y oprimida no se le deja nunca; se le salva o se muere por ella”.
(Maximiliano Robespierre, líder de la Revolución Francesa, 1758-1794)

El 14 de julio fue declarado Día de la Bandera, pero no se celebra con actos cívicos y culturales dignos de ella. Los colores de nuestra Bandera Nacional, azul y blanco, fueron tomados de la Bandera de la Federación Centroamericana, inspirados en los colores azul y blanco de la Bandera de las Provincias Unidas de Sud América, de los próceres argentinos José de San Martín y Manuel Belgrano.

Al declararse independiente las Provincias Unidas de Centro América, el 15 de septiembre de 1821, adoptaron para su Bandera esos colores a petición del prócer salvadoreño Manuel José Arce, quien ya había usado una bandera con esos colores contra los ejércitos de Vicente Fillisola, mandados por Agustín Iturbide para anexar Centroamérica al imperio mexicano.

La Bandera de Manuel José Arce fue la primera que usó la Provincia de El Salvador, confeccionada en tela de seda por su esposa, doña Felipa Aranzamendi y su hermana Antonia Manuela Arce.

Pero esta Bandera dejó de flamear durante la anexión, siendo sustituida por la mexicana, por decreto del Consejo de Regencia del 7 de enero de 1822, y decreto del Gobernador de Transición, Gabino Gaínza, dictado el 22 de febrero de 1822 que la declaró vigente de uso oficial en todo el territorio centroamericano.

Terminada la efímera anexión, la bandera mexicana dejó de flamear. Luego fue proclamada la independencia definitiva de Centroamérica, el primero de julio de 1823, y por la ley de la Asamblea Constituyente del 21 de agosto de 1823 fue creado el Escudo y la Bandera nuevamente con los lindos colores azul y blanco horizontales.

Al disolverse la Federación Centroamericana, en 1838, Nicaragua conservó los colores de la Federación y el escudo como emblema nacional, hasta que el presidente, don Fruto Chamorro, por decreto del 21 de abril de 1854 adoptó para nuestra Bandera los colores, blanco, amarillo y escarlata respectivamente en franjas horizontales.

Esta Bandera duró hasta el 20 de junio de 1895, cuando Nicaragua, Honduras y El Salvador crearon la República Mayor de Centroamérica y restablecieron la Bandera azul y blanco de la Federación en los tres Estados, hasta nuestros días.

De hecho se estuvo usando en Nicaragua la Bandera azul y blanco hasta que fue consagrada oficialmente por Decreto Ejecutivo del 5 de septiembre de 1908, bajo el gobierno liberal del presidente José Santo Zelaya, con el agregado de que el Escudo aparecerá en medio de la franja blanca.

Posteriormente, durante el gobierno liberal del presidente Anastasio Somoza García, por decretos del 28 de agosto de 1941 y del 11 de junio de 1943, se reglamenta el uso de la Bandera Nacional y se establece la Promesa a la Bandera, que todos los 14 de septiembre, aniversario de la Batalla de San Jacinto, juran los alumnos defenderla y evitar todo lo que la empañe y deshonre.

Se considera grande agravio arriar y quemar la Bandera por fuerzas extranjeras.

Dolorosamente la nuestra ha sido arriada por los Estados Unidos durante sus ocupaciones militares.

Sobre las banderas se cuentan muchas anécdotas.

Cuando Atila, llamado Azote de Dios, iba a saquear y destruir Roma, el Papa León I, le pidió que se retirara.

Atila le pidió a cambio la Bandera de la Iglesia, respondiendo Su Santidad que prefería ver destruida la ciudad pero no le entregaría la Bandera. Por esos designios de Dios, Atila se alejó sin la Bandera.

Para el primer año de la coronación de Napoleón Bonaparte como Emperador, sus mariscales y generales le regalaron las banderas tomadas a los ejércitos vencidos.

El presidente José Santos Zelaya, al ser obligado dejar el poder envuelto en una aureola de dignidad nacional en su patriótico manifiesto dice:

“Mantener glorioso y enhiesto el pabellón de la República… Anhelo ver siempre desplegado el pabellón rojo del liberalismo sobre las cimas de la Administración Pública”.

No se olvidó el general Zelaya de la Bandera de su adorada Patria, ni la de su glorioso Partido Liberal.

El pintor francés Eugene Delacroix, en su famoso cuadro La Libertad guiando al pueblo, pinta a una bella mujer caminando sobre muertos y heridos, enarbolando la Bandera Tricolor de la Francia revolucionaria.

Este cuadro en honor a la Bandera francesa, no sé si todavía luce en los billetes de 100 francos.

Durante la Guerra Civil de Estados Unidos, la carga de Pickett en la batalla de Gettysburg lo más grandioso fue cuando lograron plantar en el Cerro del Cementerio, las banderas del Sur en la Unión.

Pero esa acción por poco tiempo fue glorioso para los Estados Confederados del sur.

Nuestro excelso poeta Rubén Darío, al exaltar a la Bandera en su poema épico Marcha Triunfal dice:

“Honor al que trae cautiva la extraña bandera”.

El autor es Abogado.