LA DICTADURA NO PUEDE OCULTAR LA VERDAD

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desde que nuestras instalaciones fueron tomadas y nuestro gerente general Juan Lorenzo Holmann fue detenido.

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Apagones y alumbrones

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Apagones y alumbrones





En los años de la dominación sandinista, la crisis de la energía eléctrica era tan grave y los cortes de luz tan frecuentes y prolongados, que la gente decía que en Nicaragua no habían apagones, sino alumbrones. Y es que, ciertamente, desde que llegó la electricidad al país nunca hubo tanta oscurana como en esa época de la revolución sandinista que el Papa Juan Pablo II llamó, significativamente, “la noche oscura” de Nicaragua .

Fue una triste y sombría época que se creía superada para siempre, pero que ahora vuelve a martirizar de nuevo a los nicaragüenses. ¿Y quiénes son los culpables de este racionamiento de energía y apagones que le están causando muchos perjuicios a la población y un grave daño a la empresa privada y a la economía nacional en términos generales?

Como es bien sabido, la crisis energética es causada ante todo por el aumento incesante de los precios internacionales del petróleo. Y por eso tienen razón los representantes de las empresas generadoras y distribuidoras de energía, al decir que ellos no pueden comprar a un precio elevado el combustible indispensable para producir y distribuir la electricidad, pero vender ésta como si lo hubiesen comprado barato.

Las cosas valen por lo que cuesta producirlas y no por lo que se determine en una ley, en una disposición administrativa o por la exigencia de una asociación de consumidores. Si se quiere tener electricidad hay que pagar por ella lo que cuesta producirla y distribuirla.

En todo caso, es cierto que la energía más cara es la que no se tiene. Eso estuvo bien claro para los nicaragüenses en los años del régimen sandinista y se está comprobando ahora, con los apagones que han vuelto a oscurecer y paralizar a Nicaragua. Realmente, con estos apagones no sólo hay que despedirse de algunas comodidades indispensables de la vida moderna y de la seguridad que da el alumbrado de las casas y las calles. También hay que decirle adiós a las posibilidades del crecimiento económico, el cual depende de la existencia de infraestructuras apropiadas entre las cuales la energía es un factor primordial. No es por casualidad que los países con los índices más altos de producción y consumo de energía son los más desarrollados y ricos, y que los que menos energía tienen y consumen son los más pobres y atrasados.

La fórmula del desarrollo, para ponerla en estos términos, es el sistema económico de libre empresa, más inversiones de capital nacionales y extranjero, más apropiación de tecnologías avanzadas, más libre comercio internacional, más disponibilidad permanente de suficiente energía eléctrica.

Pero esto, al parecer, no lo pueden o no lo quieren entender los políticos populistas y pactistas de Nicaragua, que rechazaron el ajuste de tarifa que hizo el gobierno y la cual era aproximada al costo de producción y distribución de la energía, pero protegiendo al sector más débil económicamente de los usuarios. De esa manera se hubieran podido evitar los apagones que son fastidiosos para la población y graves, casi mortales, para la economía nacional.

Por otro lado, si se trata de señalar a todos los culpables de esta oscura situación, hay que mencionar en primer lugar a los gobernantes de los países petroleros que suben despiadadamente los precios del crudo y luego algunos de ellos se presentan como los grandes benefactores de la humanidad, ofreciendo pactos petroleros favorables a cambio de concesiones y sumisiones políticas, como es el caso del dictador de Venezuela, coronel Hugo Chávez.

También son culpables de este desastre energético todos los gobernantes que ha tenido Nicaragua —desde la dictadura somocista hasta ahora—, quienes por falta de visión y/o por corrupción (exigencia de coimas) impidieron que llegaran las inversiones para explotar los cuantiosos recursos naturales que tiene el país y poder producir electricidad sin depender del petróleo. En todo caso, ahora lo único que se puede hacer es ajustar adecuadamente y de inmediato las tarifas del servicio de energía eléctrica, con el fin de que no haya más apagones o para reducirlos al mínimo inevitable Y que las autoridades correspondientes comiencen a ejecutar las medidas de mediano y largo plazo que nunca se han querido aplicar, para producir energía alternativa a la que se genera con el oscuro y odioso petróleo de los jeques árabes y políticos.

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