Douglas Carcache
La amenaza de un grupo de nicaragüenses de la Costa Caribe, de separar esa región del resto de Nicaragua, sería peor para los más de 600 mil habitantes de ese territorio y para las autoridades nacionales porque ese territorio, además de ser la mitad del país, es quizás el más rico en recursos naturales.
De hecho la costa caribeña ha estado separada de la región del Pacífico nicaragüense, en el sentido de que allí la gente sobrevive a como puede, con un auxilio gubernamental mínimo, poca protección militar y policial y carreteras donde lo más difícil es transitar.
Si los costeños llegaran a conseguir una separación definitiva, como han creído algunos líderes indígenas, esa área sería dominada muy pronto por el narcotráfico internacional. Si estando bajo la soberanía de Nicaragua ha sido difícil evitar la penetración de los narcotraficantes y su asentamiento en “zonas sin ley”, imaginémonos esa costa tratando de ser regida por un gobierno independiente producto del consenso de seis etnias, no de partidos políticos, y sin la posibilidad de organizar un ejército propio.
La idea del separatismo saltó una vez más la semana pasada, cuando en las ciudades de Bluefields y Bilwi (Puerto Cabezas) hubo protestas contra el gobierno, porque se les ha hecho más difícil vivir con el encarecimiento del combustible y la falta de carreteras buenas que también encarece los productos que les llegan desde Managua, a más de 600 kilómetros.
Sin embargo, sobre el separatismo, una cosa es lo que dicen los líderes de una u otra etnia, y otra lo que piensa la gente. Para hacer el índice de desarrollo humano 2005 de las regiones autónomas del Caribe nicaragüense, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) hizo una encuesta y detectó que el 44 por ciento de los caribeños está en desacuerdo con que su reclamo de autonomía fomente el separatismo. El 36.6 por ciento sí estuvo de acuerdo.
Por otro lado, el 48 por ciento se siente tan costeño como nicaragüense; y el 31.6 por ciento dijo ser más nicaragüense que costeño.
Los costeños también están claros (73%) de que las riquezas de su región benefician más al país y “a otros” que a sus comunidades. Un caso muy claro son los productos del mar que Nicaragua exporta, cuyas ganancias han tenido poco impacto en la sociedad caribeña. En los últimos 20 años el Gobierno central ha destinado a la Costa sólo el 9 por ciento del presupuesto nacional para salud.
La última promesa del gobierno a los nicaragüenses del norte de la Costa Caribe, el jueves pasado, es que mandará a reparar las carreteras, cuando cesen las lluvias, y dará asistencia a los habitantes de las riberas del Río Coco que padecen hambre.
Las autoridades que administran el país desde Managua, deberían cambiar su intención hacia el Caribe: En vez de pedir a los caribeños que se integren a la nación, cada vez que los ven como minoría; sería mejor que las instituciones del Pacífico y su gente se integren al desarrollo del Caribe.