Pedro Joaquín Chamorro [email protected]
Escribo estás líneas inspirado en los días patrios. Pretendo esbozar una estrategia ganadora para los próximos comicios, para lo cual es necesario adoptar una posición crítica desde dentro del PLC.
Lo hago sustentado en el orgullo que siento por el legado histórico de mis padres a la democratización de Nicaragua y en mi propia trayectoria en tal sentido desde los años ochenta.
Desde las elecciones de 1990, ha quedado evidenciado que sólo la unidad de los partidos y sectores afines ideológicamente y que comparten principios, puede llevarnos nuevamente al triunfo sobre el adversario histórico, el Frente Sandinista, que hoy por hoy parece estar más fuerte que nunca.
Para alcanzar esta unidad, ha sido necesario que prevalezca el sentido común de la dirigencia política y un liderazgo aceptado por la mayoría de los dirigentes de esa alianza. También es necesario contar con un vehículo electoral probado, organizado y con experiencia.
Durante los comicios del 96 y del 2001, el PLC demostró tener esa organización y capacidad pero su liderazgo ha venido siendo cuestionado por diversos sectores que en el pasado conformaron esa alianza ganadora, incluso por dirigentes de gran valía dentro del partido que poco a poco han venido siendo desplazados en las diversas crisis internas o purgas.
Este proceso de desgaste interno se ha visto agravado por la imagen que da el PLC de haber alcanzado entendimiento político o “pacto” con el FSLN, que le hace perder su identidad o fuerza moral como líder de una alianza electoral ganadora en las elecciones del 2006. Esto ha sido duramente criticado por muchos electores, que sin ser miembros de este partido lo han endosado en la urna electoral en el pasado, al considerar pragmáticamente que ha sido la mejor opción para derrotar al FSLN.
Considero que para retomar el liderazgo y ser parte fundamental de una alianza ganadora en el 2006, el PLC debe tomar distancia del FSLN en algunos temas fundamentales en que estoy seguro que la mayoría de los líderes del PLC están de acuerdo, como la aprobación del DR-Cafta, por ejemplo.
El partido debe renovarse y modernizarse, enfocándose en una actitud propositiva, no reactiva. En este sentido, la labor que ha venido haciendo el licenciado Ramiro Sacasa me parece excelente y ha sido bien comentada a nivel de todas las estructuras del partido.
Paralelo a este proceso de renovación, se deben buscar nuevas alianzas electorales que sumen un caudal importante de votos como los movimientos liberales del licenciado Eduardo Montealegre y el doctor José Antonio Alvarado, el Partido Conservador y el necesario apoyo de la empresa privada. Lógicamente, que en política no se debe menospreciar a nadie, pero igualmente uno debe ser realista y valorar más a quien traiga más votos.
Creo que también es necesaria y hay que decirlo con la sinceridad del amigo, no del incondicional, la desarnoldización gradual del partido. Se debe dejar a un lado el protagonismo hegemónico de una persona, la falta de tolerancia hacia posiciones críticas y, sobre todo, el culto a la personalidad que tanto daño le ha hecho al partido. Si el partido es mucho más que una persona, si es un equipo de personas trabajando por objetivos, entonces éste perdurará, si el partido tiene un solo dueño, terminará con el dueño.
Este proceso debe ser gradual y si es adoptado como una estrategia, no dudo que sería beneficioso tanto para el doctor Alemán y su familia, como para el partido y para el proceso de fortalecimiento del PLC como eje de nuevas alianzas electorales.
Reconociendo los méritos del doctor Arnoldo Alemán en la formación del PLC y su ascenso al poder, hay que recordar que este partido surge precisamente cuando el doctor Ramiro Sacasa Guerrero y prominentes liberales se opusieron valientemente al continuismo de Somoza, quien pretendía reformar la Constitución para perpetuarse en el poder.
Ha quedado demostrado que el gran problema recurrente de muchos políticos exitosos o caudillos es que el éxito en la política es alucinante y les hace perder la perspectiva del tiempo. A como le ocurre también a algunos boxeadores que conquistan la cima, como Mike Tyson… no saben cuando retirarse.
Veamos por un momento hacia atrás, lo que ocurrió con Anastasio Somoza Debayle. Si él se hubiera retirado después del infarto, como le aconsejaron sus familiares y amigos cercanos, seguramente hubiera tenido un mejor futuro y le hubiera ahorrado a Nicaragua un revolución y una contrarrevolución con todo el costo y el dolor. Lo mismo le pasó a Mike Tyson: cuando salía a pelear sus rivales a menudo eran noqueados en el primer round, pero como no se supo retirar, se le pasó el tiempo y ahora da lástima por las palizas que le dan cada vez que sale a pelear.
Todo lo bueno que logra hacer un gobernante por su pueblo durante años en el poder se puede caer o se olvida por una mala decisión sobre su papel en la historia. Pero también está a la vista en la historia reciente el ejemplo de una gobernante que una vez que concluyó su mandato, jamás aspiró a volver al poder, a pesar que antes de las elecciones del 2001 muchos políticos le llegaron a “endulzar el oído” ofreciéndole el apoyo para lanzarse nuevamente a la Presidencia. Fue mi madre, Violeta Barrios de Chamorro, ella comprendió que ya no era su momento y desistió todo tipo de halagos y ofertas, asegurándose de esta manera su sitial en la historia. Volviendo a la parodia del boxeo, “se retiró invicta”.
Creo que a nadie le puede caber la menor duda de que actualmente vamos en una trayectoria llena de incertidumbres. Somos un tren en marcha hacia las elecciones del 2006, pero no sabemos si estamos sobre las vías que nos llevarán al destino que la mayoría anhelamos.
Llamo a esta reflexión porque aún estamos a tiempo de reaccionar, aún estamos a tiempo de accionar los mecanismos que nos lleven a una victoria segura sobre el sandinismo, aprovechando ese espíritu de lucha que nos caracteriza y esa magnífica estructura partidaria que con tanto esfuerzo, habilidad y dedicación supo reconstruir y consolidar el doctor Arnoldo Alemán.
Finalmente, una reflexión a todo mis correligionarios. Como dice sabiamente el Eclesiastés: “Todas las cosas tienen un tiempo” y, honestamente, creo que es el momento de dar paso a un relevo que lleve al PLC a una victoria aplastante sobre el sandinismo, retomando una estrategia ganadora. Sólo así el PLC sellaría su permanencia y superaría los avatares en que se encuentra. Una derrota como en las municipales, marcaría con toda seguridad el principio del fin.
El autor es convencional del PLC y concejal de Managua